China puso en marcha nuevas restricciones para reducir la sobrecarga escolar que durante años ha marcado a millones de estudiantes. Las escuelas ya no podrán enviar tareas excesivas ni extender las jornadas más allá de lo establecido por las autoridades educativas.
El objetivo es frenar los altos niveles de estrés, ansiedad y agotamiento entre los menores.
Las medidas también apuntan a las academias privadas de refuerzo, un negocio millonario que creció alrededor de la competencia académica. Muchas familias gastaban grandes sumas de dinero en clases extra para que sus hijos pudieran destacar en los exámenes. Ahora, el gobierno quiere que esa presión vuelva a las aulas y no a la vida personal de los niños.
En varias ciudades chinas ya se han implementado controles para evitar que los estudiantes pasen horas haciendo deberes en casa. Las autoridades incluso pidieron a los docentes mejorar la eficiencia de las clases para que el aprendizaje ocurra principalmente dentro del horario escolar.
Las medidas se establecieron también para la educación infantil, prohibiendo adelantar contenidos de primaria o aplicar métodos educativos que corresponden a niveles superiores.
La decisión ha generado debate entre padres y educadores.
Mientras algunos celebran el cambio por considerarlo necesario para la salud mental de los jóvenes, otros temen que la reducción de tareas afecte el rendimiento académico en un país donde el éxito educativo define muchas oportunidades de vida.
Estas nuevas disposiciones se deberían a que China busca reequilibrar su sistema educativo tomando como referencia los modelos de estudio europeos, en donde el aprendizaje se da mayormente en el aula de clases.