En El Gran Musical, es Martes de Pareja y tenemos a Giovanna Gavelli, psicóloga clínica con quien hablaremos sobre idealizar el amor. ¿Cuáles son las consecuencias de esperar que tu pareja sea todo un príncipe azul o una princesa?
Gavelli señala que tener expectativas en el amor es normal. Como seres humanos, muchas veces esperamos encontrar a ese "príncipe azul" o a la pareja perfecta. Sin embargo, advierte que ese ideal casi nunca se cumple en la vida real. Por eso, recomienda mantener los pies sobre la tierra y aspirar a un amor sano y realista, no a uno perfecto.
En psicología, esta tendencia a esperar una pareja ideal se conoce popularmente como el "síndrome del príncipe azul", una idea que se ha reforzado durante años a través de cuentos, películas y narrativas románticas.
Las redes sociales también influyen mucho en esta idealización. Según la especialista, hoy vemos relaciones que parecen perfectas en internet, pero muchas veces lo que aparece en un video o una foto no refleja la realidad. Detrás de esas publicaciones pueden haber varios intentos para lograr la imagen "perfecta".
Estudios en psicología social han señalado que la exposición constante a contenidos idealizados de pareja puede aumentar la insatisfacción en las relaciones reales, especialmente entre jóvenes.
Cuando las expectativas son demasiado altas, explica Gavelli, aparece la frustración porque la pareja no cumple con lo que uno imaginaba. En terapia de pareja esto ocurre con frecuencia.
Muchas personas esperan que su pareja adivine lo que quieren o necesitan. "Hay quienes dicen: quiero que me compre chocolates pero nunca se lo han dicho", comenta la especialista. Por eso insiste en que la comunicación es clave y que no se debe asumir que la pareja puede leer la mente.
Finalmente, la psicóloga advierte que estas expectativas también pueden estar relacionadas con heridas emocionales de la infancia o experiencias pasadas. Cuando una persona vive atrapada en lo que espera del otro, puede terminar siendo "esclava" de esas expectativas.
Por eso destaca una idea importante para las relaciones: "si yo cambio, todo cambia". En lugar de culpar siempre a la otra persona, entender nuestras propias emociones y aprender a comunicar lo que sentimos puede ser el primer paso para construir un amor más real y saludable.
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