Dominar emociones cambia tu vida

No es lo que sientes, es cuánto decides quedarte ahí

Las emociones duran segundos, pero los pensamientos las prolongan. Especialistas explican cómo gestionarlas, evitar reacciones impulsivas y entrenar la mente para vivir con mayor bienestar.

Valeria Alarcón

29 Abril de 2026
Las emociones duran segundos, pero tu mente decide prolongarlas siempre.
Las emociones duran segundos, pero tu mente decide prolongarlas siempre. Shutterstock

Las emociones no son eternas, aunque muchas veces así se sientan. De hecho, investigaciones en psicología sostienen que una emoción intensa puede durar entre 60 y 90 segundos en el cuerpo. El verdadero problema no es lo que se siente, sino cuánto tiempo se decide permanecer en ese estado.


Desde el enfoque del bienestar mental, las emociones se originan en el sistema límbico, generando respuestas químicas en el cuerpo. Sin embargo, lo que prolonga ese malestar o incluso la euforia son los pensamientos recurrentes.


¿Por qué se prolongan las emociones?

  • El pensamiento repetitivo: revivir una situación activa la misma respuesta emocional, aunque ya haya pasado.
  • La interpretación personal: cada persona reacciona distinto según su historia y experiencias.
  • El bucle mental: pensar y sentir se convierte en un ciclo difícil de romper.
  • Falta de regulación emocional: sin herramientas, se reacciona desde el impulso.

Esto explica por qué una discusión, un momento incómodo o incluso algo que ocurrió hace años puede seguir generando malestar en el presente.


¿Cómo cortar ese ciclo?

  • Respiración consciente: inhalar profundo y exhalar lentamente ayuda a activar el sistema nervioso de calma.
  • Cuestionar el pensamiento: identificar si se está reviviendo algo que ya pasó.
  • Tomar distancia: no todo lo que se siente necesita una reacción inmediata.
  • Reasignar significado: cambiar la forma de interpretar una experiencia reduce su carga emocional.

La clave no está en evitar sentir, sino en aprender a gestionar las emociones. Porque, aunque no siempre se puede controlar lo que ocurre, sí es posible decidir cómo reaccionar. Al final, el bienestar emocional no es un destino, es una práctica diaria.


 

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