Besar no es solo un gesto romántico. Según la ciencia, es una herramienta evolutiva clave para seleccionar pareja y reforzar la conexión emocional.
Lo que parece una simple muestra de afecto, en realidad, activa complejos mecanismos fisiológicos y psicológicos.
Durante un beso, el cerebro libera dopamina, que produce una sensación inmediata de placer; serotonina, que regula el estado de ánimo y el bienestar general; y oxitocina, conocida como la "hormona del apego", que fortalece el lazo entre las personas. Además, el contacto cercano permite el intercambio de feromonas, compuestos químicos que pueden influir —sin que lo notemos— en la atracción.
Lejos de ser solo instinto o costumbre social, el beso es una forma sofisticada de comunicación no verbal. Implica exploración sensorial, motora y emocional entre dos personas, involucrando al mismo tiempo el sistema nervioso, el olfato, el gusto y hasta la memoria.
En El Mundo de Cabeza, conversamos con la psicóloga y sexóloga Claudia Cruces, quien nos ayudó a entender cómo un beso puede decir más que mil palabras... y por qué, a nivel cerebral, nos resulta tan adictivo.

