Según Ezequiel López, uno de los principales factores que afecta la intimidad después de tener hijos es el cambio físico y hormonal. Las cicatrices, las transformaciones del cuerpo y los procesos biológicos influyen directamente en el deseo y la seguridad de la mujer. A esto se suma que durante la lactancia aumentan los niveles de prolactina, una hormona que puede disminuir el deseo sexual, y que estos cambios también influyen en la dinámica emocional de la pareja.
El especialista recomienda que el regreso a la intimidad sea progresivo y sin exigencias. Señala que es importante hacerlo de forma suave, con paciencia, usando lubricantes si es necesario y entendiendo que el cuerpo ya no es el mismo. No se trata solo de volver a tener relaciones sexuales, sino de reconstruir la confianza, el contacto físico y la conexión emocional que existía antes de la llegada del bebé.
Otro punto clave es el cambio de rol. Muchas parejas dejan de verse como amantes y comienzan a verse únicamente como padres. Esto es más común cuando se trata del primer hijo. Los primeros seis meses suelen ser los más difíciles, no solo por el cansancio, sino porque todo gira alrededor del bebé. López recalca que es importante que la pareja pueda tener pequeños espacios a solas, aunque sean breves, para volver a sentirse como pareja y no solo como padres.
La comunicación es la base para recuperar la intimidad. Hablar abiertamente sobre miedos, inseguridades y expectativas ayuda a encontrar tiempos y espacios para reencontrarse. El experto recuerda que, aunque el bebé es la prioridad, descuidar completamente la relación puede llevar a una desconexión emocional y sexual. Cuidar el vínculo de pareja también es una forma de cuidar a la familia.
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