¿Cuánto poder le damos a lo que creemos que otros piensan de nosotros? Esa fue la pregunta central de la entrevista en El Mundo de Cabeza junto a Roberto Moncayo, especialista en salud mental y autoconocimiento, quien planteó una reflexión directa: muchas decisiones importantes no nacen desde la autenticidad, sino desde expectativas externas.
La identidad, explicó, suele construirse desde la infancia. Padres, entorno social y cultura influyen en lo que "deberíamos ser". Sin embargo, el problema surge cuando, ya en la adultez, seguimos tomando decisiones basadas en el "qué dirán" y no en lo que realmente queremos.
Durante la entrevista se abordaron varios puntos clave:
- Decisiones basadas en expectativas
Muchas personas eligen carrera, aceptan ascensos, se casan o tienen hijos porque "es lo que toca". No siempre hay una pregunta honesta hacia uno mismo. El resultado puede ser éxito externo, pero desconexión interna. - El peso del entorno social
Somos seres sociales y necesitamos pertenecer. El deseo de encajar es natural. El conflicto aparece cuando la aprobación externa se convierte en el eje de la autoestima. Allí comienza la ansiedad y la presión constante por sostener una imagen. - Redes sociales y disonancia
Hoy, la exposición amplifica el fenómeno. No solo importa quién eres, sino quién proyectas ser. La brecha entre identidad real e identidad percibida puede generar inseguridad y desgaste emocional. - Autenticidad como práctica consciente
Moncayo propuso una herramienta sencilla pero poderosa: observar un día completo y preguntarse cuántas decisiones se toman pensando en la opinión ajena. Ese inventario personal permite identificar patrones y recuperar coherencia. Otra pregunta clave que planteó fue: "¿Cómo vivirías si estuvieras en un lugar donde nadie te conoce?". La mayoría responde que viviría con mayor libertad. Entonces surge la reflexión: ¿por qué no hacerlo aquí? - Seguridad desde la crianza y el autoconocimiento
La seguridad no necesariamente depende de la edad, sino de la formación. Cuando un niño crece validado y escuchado, aprende a decidir desde adentro hacia afuera. En la adultez, si eso no ocurrió, el proceso es posible: nunca es tarde para conocerse.
No se trata de ignorar a los demás ni de vivir aislados, sino de reconocer qué decisiones son auténticas y cuáles responden a reglas heredadas. La identidad sana nace cuando la aprobación deja de ser necesidad y se convierte en consecuencia.

