El sentido común suele considerarse una cualidad natural que todas las personas poseen. Sin embargo, especialistas en neurociencias y comportamiento sostienen que no es una habilidad automática, sino una capacidad que puede desarrollarse con práctica y reflexión.
Durante la entrevista en El Mundo de Cabeza, el especialista en neurociencias Daniel Sánchez Paz y Miño explicó que el concepto de sentido común suele interpretarse de forma incorrecta.
Según indicó, muchas personas creen que el sentido común es algo "normal" o "genérico", cuando en realidad su origen está vinculado con la palabra comunidad. Esto significa que el sentido común implica pensar no solo en uno mismo, sino también en cómo las decisiones afectan a los demás.
Desde esta perspectiva, el sentido común está profundamente relacionado con la empatía, la capacidad de análisis y la habilidad de anticipar consecuencias. El experto señaló que desarrollar esta habilidad puede mejorar la toma de decisiones en la vida diaria, en el trabajo, en las relaciones personales e incluso en la educación de los hijos. Para lograrlo, propone aplicar un sencillo ejercicio mental basado en tres preguntas clave.
Tres preguntas para desarrollar el sentido común
Daniel explica que antes de tomar cualquier decisión importante es útil detenerse unos segundos y analizar la situación a través de tres filtros.
- ¿Esto realmente resuelve el problema?
La primera pregunta busca evaluar si la acción que una persona está a punto de realizar realmente soluciona la situación. En muchos casos, las personas actúan impulsivamente o realizan acciones que no contribuyen a resolver el problema. El especialista explica que este primer filtro permite evitar decisiones inútiles o acciones que solo complican más la situación. Un ejemplo cotidiano es realizar compras innecesarias pensando que solucionarán una necesidad emocional o práctica, cuando en realidad no aportan ningún beneficio real. - ¿Cómo afecta esto a los demás?
El segundo paso introduce un elemento fundamental del sentido común: la empatía. Aquí la persona debe preguntarse cómo su decisión puede impactar a otras personas. El experto propone imaginar situaciones cotidianas como estacionarse en un lugar inapropiado o bloquear el paso de otras personas. En estos casos, aunque la decisión resuelva un problema personal inmediato, puede generar inconvenientes para otros. Por eso, el sentido común implica desarrollar una visión más amplia, considerando el entorno y las necesidades de quienes nos rodean. Este segundo filtro, según el especialista, permite desarrollar una perspectiva más consciente y socialmente responsable. - ¿Cómo me afectará esto en el futuro?
La tercera pregunta funciona como un mecanismo final de reflexión. Aquí la persona analiza cómo su decisión puede impactar en su propia imagen, reputación o bienestar a largo plazo. Incluso si alguien no considera el impacto en los demás, esta pregunta obliga a pensar en las posibles consecuencias personales. Por ejemplo, una decisión impulsiva puede generar problemas posteriores, conflictos o situaciones incómodas que podrían haberse evitado con un análisis previo.
De acuerdo con el especialista, cuando una decisión logra pasar estos tres filtros, es muy probable que se trate de una acción basada en verdadero sentido común.
Una habilidad que puede entrenarse
El especialista destaca que el sentido común no es simplemente una característica con la que algunas personas nacen y otras no. En realidad, se trata de una habilidad cognitiva y emocional que puede desarrollarse con práctica, reflexión y educación.
Aplicar estas tres preguntas de forma constante permite fortalecer el pensamiento crítico, mejorar la convivencia y tomar decisiones más inteligentes. Además, este ejercicio puede aplicarse en distintos contextos: en la familia, en la educación de los hijos, en el trabajo o en la gestión de equipos.
En un mundo donde las decisiones se toman cada vez con mayor rapidez, detenerse a reflexionar puede marcar la diferencia. En palabras del especialista, una buena decisión debería cumplir tres condiciones: resolver un problema, no perjudicar a otros y aportar valor a largo plazo. Cuando una acción cumple estos tres criterios, es mucho más probable que esté guiada por verdadero sentido común.

