Cada año, miles de películas independientes recorren festivales, reciben aplausos y luego desaparecen. No porque sean malas, sino porque el sistema de distribución tradicional no alcanza: pocas pantallas, pocas ventanas, demasiados títulos compitiendo por un lugar. En ese hueco entra Pijama, una nueva plataforma impulsada por los cineastas chilenos Pablo Larraín y Juan de Dios Larraín, fundadores de Fábula, que busca ampliar el acceso global a películas que no consiguen distribución.

La propuesta apunta a un problema que los propios creadores resumen sin maquillaje: cerca del 80% de las películas nunca se distribuye, y eso genera una "crisis cultural" agravada por el declive de los formatos físicos y la lógica actual del mercado. ¿Resultado? El público se queda sin ver gran parte del cine que pasó por festivales como Sundance, Berlín, Cannes, Venecia o Toronto, e incluso obras de cineastas del pasado que ya no están disponibles.
¿Qué es Pijama?
Pijama se presenta como una plataforma OTT transaccional (TVOD): no funciona como "suscripción mensual", sino como pago por visión. La idea es directa: facilitar que una película encuentre audiencia sin depender de intermediarios tradicionales y, al mismo tiempo, ofrecer al espectador acceso a títulos que de otra forma quedarían ocultos.
El proyecto se desarrolló junto al director creativo ejecutivo Cristian Jofre, quien ha explicado que Pijama busca cerrar una brecha histórica: dar una vía de distribución directa y global, priorizando el descubrimiento y la equidad para los cineastas.
¿Cómo funciona?
Estas son las características clave del modelo, según la información disponible sobre la plataforma:
• Alquiler global: el público puede alquilar películas en todo el mundo, con un esquema de pago por visión.
• Reparto de ingresos para los titulares de derechos: se paga el 80% de los ingresos a productores, agentes de ventas y distribuidores, luego de costos de transacción e impuestos aplicables.
• Herramienta para películas "sin territorio" en grandes plataformas: el foco está en filmes que no tienen distribución territorial en servicios principales de streaming.
• Disponibilidad multiplataforma: ya está disponible en Apple TV, Roku, Amazon Fire TV, Smart TV, iOS y Android, ampliando el acceso desde móvil o sala.
• Modelo pensado para creadores: además del enfoque editorial, Pijama ofrece una vía práctica para que cineastas publiquen su obra. En reportes especializados se menciona que la plataforma permite alojar/gestionar el título por una tarifa plana y definir precio de arriendo dentro de un rango, con una ventana de visionado limitada.

El contexto: cine, festivales y "la vida después del estreno"
La gran promesa de Pijama no es reemplazar a los cines ni a las plataformas masivas, sino resolver "el día después" del circuito festivalero: cuando una película ya tuvo su premiere, pero no logra cerrar ventas o no encaja en el catálogo de un gigante. En ese tramo, muchas obras quedan congeladas: existen, pero no circulan. La plataforma intenta convertir ese limbo en una ruta clara: del festival al público, sin que el camino dependa de suerte, contactos o presupuestos imposibles.
Los hermanos Larraín conocen bien el peso de la distribución: han estado detrás de títulos chilenos reconocidos como No (2012), El Club (2015) y El Conde (2023). Ahora apuestan por una solución industrial con lógica cultural: que el acceso no sea un privilegio, sino parte del recorrido natural de una película.
En un ecosistema saturado de estrenos y algoritmos, la apuesta de Pijama se entiende como una respuesta: si el mercado deja fuera a la mayoría, alguien tiene que construir la puerta lateral. Y, para el público, esa puerta suena tentadora: más cine, menos "nunca llegó a mi país".

