La seguridad es el eje central del Gobierno. Operativos contra el crimen organizado, la militarización de zonas conflictivas y el refuerzo del sistema penitenciario son parte de las acciones del Ejecutivo para contrarrestar la expansión de estructuras ilícitas que, durante los últimos meses, ampliaron su presencia a Quito.
Para el analista en seguridad, Jean Paul Pinto, los múltiples operativos anunciados por la Policía y las Fuerzas Armadas no han tenido los resultados esperados. Esto, pese a la captura de cabecillas criminales y golpes económicos en el sostén de los grupos armados.
De acuerdo con Pinto, uno de los indicadores para demostrar que el crimen organizado perdió fuerza, sería la reducción de asesinatos y enfrentamientos entre grupos armados. Recordó que, de las 10 ciudades más peligrosas del mundo, seis se encuentran en Ecuador.
Otro aspecto a determinar la incidencia de la criminalidad, según Pinto, es la percepción ciudadana alrededor de la seguridad. Esto, pese a que sería un tema subjetivo.
De acuerdo con Pinto, toda la problemática responde a una escasa estrategia para enfrentar la criminalidad, más allá de modelos fallidos como la militarización.
"El gran problema es la falta de una política y estrategia de seguridad", dijo.
Otro aspecto deficiente, según Pinto, es la aplicación de la inteligencia para prevenir el cometimiento de delitos. "Sin inteligencia, la seguridad tampoco va a mejorar", dijo, al reconocer que las actuaciones de las fuerzas de seguridad han sido meramente reactivas.
Pinto también cuestionó que el Gobierno insista en políticas que no han funcionado como centralizar la seguridad en la militarización, cuando las Fuerzas Armadas deben desplegarse por las fronteras. Esas "recetas que no funcionan", dijo, no han traído los resultados esperados.
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