En NotiMundo Estelar, el analista político y especialista en gestión pública Antuan Barquet señaló que, históricamente, no se habían registrado daños de esta magnitud en la isla. Sin embargo, destacó la articulación entre la ciudadanía, el sector privado y las instituciones públicas para atender la emergencia. A su criterio, la respuesta también puso de manifiesto el sentido de comunidad y solidaridad frente a la adversidad.
A esta problemática se suma la vulnerabilidad sanitaria. Según explicó, Galápagos no cuenta con un sistema convencional de alcantarillado ni de abastecimiento de agua potable, por lo que las aguas residuales domésticas se manejan mediante sistemas individuales, como pozos de oxidación. Las inundaciones pueden comprometer estos mecanismos y aumentar los riesgos para la salud pública.
No obstante, Barquet advirtió que uno de los problemas estructurales está relacionado con la ocupación de zonas vulnerables. Como ejemplo, mencionó el sector del parque La Cascada, donde se habrían permitido asentamientos humanos pese a tratarse de un área de riesgo. Por ello, consideró necesaria la reubicación de las familias que habitaban en ese lugar.
La conectividad también representa un motivo de preocupación. Barquet advirtió que un daño de mayor magnitud en la vía que conecta Puerto Ayora con el aeropuerto podría dejar a la población aislada. Esta situación evidencia la necesidad de garantizar la operatividad de las principales rutas de acceso y salida durante una emergencia.
La mochila de emergencia: una medida de prevención pendiente
Para Santiago Balarezo, vocero de la Asociación de Gestión de Riesgos, la respuesta frente a este tipo de eventos ha sido tardía. Advirtió, además, que los episodios más intensos asociados al fenómeno de El Niño todavía podrían presentarse, por lo que la información y las alertas del INAMHI deben traducirse en acciones concretas de prevención ciudadana.
Balarezo recordó que Ecuador es un país expuesto a múltiples amenazas y que disponer de una mochila de emergencia no debería ser una medida improvisada, sino parte de la preparación habitual de cada hogar.
Entre los elementos indispensables mencionó agua, alimentos no perecibles, medicamentos de uso habitual, documentos personales, recetas médicas, artículos de higiene, una linterna, un silbato, fósforos y un radio portátil. Este último es especialmente importante porque, durante una emergencia, el servicio eléctrico podría interrumpirse y dificultar el acceso a la información.
También recomendó elaborar un plan familiar de emergencia, con responsabilidades definidas para cada integrante. Este debe contemplar las necesidades específicas de bebés, niños y adultos mayores, así como la preparación de un kit para las mascotas.
En cuanto a la documentación, aconsejó mantener copias digitales de documentos importantes, como las escrituras de la vivienda, para facilitar su identificación y consulta en caso de que la familia deba trasladarse a un albergue.
El especialista considera que lo ideal sería contar con una mochila por persona, aunque disponer de una por familia ya representaría un avance frente a la falta de cultura de prevención.
La emergencia en Galápagos deja dos tareas urgentes: atender a las familias afectadas y corregir las vulnerabilidades estructurales que quedaron expuestas.
Sin embargo, también plantea un desafío para el resto del país: fortalecer la prevención y prepararse antes de que ocurra un nuevo evento extremo.
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