Miles de hectáreas consumidas por las llamas, fauna y flora afectadas, son parte de las afectaciones que dejan los incendios forestales en Ecuador.
Altas temperaturas, baja humedad y ráfagas de viento, son condiciones que favorecieron la propagación del fuego en distintas zonas del país.
Según la Secretaría de Gestión de Riesgos, entre el 1 de julio y el 19 de agosto, se atendieron 1.314 incendios forestales, que afectaron aproximadamente 9.760,69 hectáreas (ha) de cobertura vegetal.
Las provincias con mayor recurrencia fueron Pichincha, con 374; Imbabura, con 263; Azuay (162) y Chimborazo (120); mientras que por superficie afectada constan Imbabura (3.753 ha), Loja (2.527 ha), Pichincha (1.094 ha) y Carchi (922 ha).
En NotiMundo al Día, Marianella Irigoyen, abogada especialista en derecho ambiental, señaló que la falta de planes y protocolos preventivos dan paso a estos eventos que se repiten cada año durante la época seca.
Recordó que uno de los mayores problemas es que la cobertura vegetal afectada toma tiempo en recuperarse, y eso es algo que no está siendo atendido por las autoridades nacionales y locales.
Irigoyen alertó que las afectaciones se extienden a la biodiversidad, al suelo, el aire y al clima en general.
En cuanto al aire, el humo y las partículas tóxicas que se desprenden deterioran su calidad y pueden afectar a la salud humana. La quema de vegetación impide la captación y regulación hídrica, por lo que su pérdida puede afectar fuentes y sistemas naturales de almacenamiento de este recurso.
Además, advirtió que la pérdida de cobertura vegetal aumenta la erosión y disminuye la capacidad de regeneración. A esto se suma la muerte de animales y microorganismos, además de la destrucción de hábitats naturales.
"Muchas especies de fauna silvestre mueren calcinadas porque el fuego les impide escapar", agregó.
La abogada señaló que el incendio no termina cuando se extingue el fuego, sino que posteriormente viene el proceso de recuperación propia de la naturaleza, algo que puede tomar años e incluso décadas.
Irigoyen explicó que no todos los incendios son provocados, pero ocurren por prácticas como las quemas agrícolas, quema de desechos o fogatas mal apagadas, que se salen de control por las condiciones anteriormente detalladas.
En cuanto a las sanciones, la abogada recordó que, quien provoque directa o indirectamente incendios o instigue a cometerlos en bosques nativos, plantados o páramos, la pena va de uno a tres años de prisión. En caso de quemas agrícolas, se considera un delito culposo, con una condena de tres a seis meses de cárcel. Si como consecuencia de esto se produce la muerte de una o más personas, se sanciona con 13 a 16 años de pena privativa de libertad.
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