Tragedia en Zamora

Sobreviviente del aluvión en Zamora se aferró tres horas a un árbol para evitar la palizada: "mi fuerza, mi lucha, fue mi bebé"

Desde un estruendo al desastre: relatos del aluvión en Zamora muestran la magnitud de la emergencia que devastó a Santa Isabel y Cantzama.

17 Julio de 2026
Aluvión Zamora Chinchipe
Aluvión Zamora Chinchipe Foto: Redes Sociales

Yanela Pinzón es una sobreviviente del aluvión que arrasó con Zamora Chinchipe el pasado 4 de julio. Se aferró a un árbol por tres horas, mientras desde arriba veía el paso de la palizada, árboles, escombros y lodo. A lo lejos, divisó a un equipo de rescate que la llenó de esperanza en el momento ideal, antes de rendirse a pelear por mantenerse con vida.

"Fui una víctima más. No hay mejor descripción que esto es un milagro de Dios", dijo.

El día anterior al aluvión, el 3 de julio, Yanela se movilizó con tres compañeros a Cantzama, ante la alerta de una crecida de ríos en la zona. Realizaron un recorrido a lo largo de los cuerpos hídricos del sector y, luego de varias horas, los análisis apuntaban a una reducción del nivel de los ríos.

Ya en la noche, bajaron al sector de Santa Isabel para descansar. Estuvieron en una casa donde una familia, que se negaba a evacuar de manera preventiva, les brindó una taza de café con pan en agradecimiento. Pero en Yanela surgió un sentimiento de ansiedad, que trajo a su bebé a la mente y una sensación de algo sucedería.

Fue cuestión de minutos para que el pálpito de Yanela se convierta en la tragedia. Un sonido similar al de un terremoto se escuchó, sin conocer la dimensión de lo que se venía.

Al voltear a su izquierda y derecha, Yanela vio el paso del aluvión que arrasó con todo en Zamora Chinchipe. En ese momento, su primer pensamiento fue su familia, a quien encomendó a Dios su vida, así como la suya. Eso le ayudó a alcanzar una rama alta en un árbol, donde permaneció sentada por tres horas y estuvo a punto de darse por vencida.

"Mi fuerza, mi lucha, fue mi bebé. Creí que no iba a sobrevivir", relató.

A lo lejos, Yanela vio un grupo de compañeros bomberos que se acercaban a su árbol para rescatarla. Un sentimiento de esperanza le invadió ante la poca fuerza que le quedaba para mantenerse con vida, mientras sus manos y pies estaban entumidos por el frío.

"Si no me salvaban en ese lapso de tiempo, ya no sobrevivía. Porque no tenía ni la fuerza ni las ganas de seguir luchando", sostuvo.

Para Yanela, el hecho de sobrevivir al aluvión ratifica su vocación por servir a la ciudadanía. Su predisposición para ayudar y rescatar a las personas está más firme que nunca y, en sus palabras, deja viva una esperanza que nunca perecerá.

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