El incidente, ocurrido la noche del viernes 15 de agosto de 2025, llevó a que ciudadanos confrontaran al religioso, acusándolo públicamente, mientras él se defendía afirmando que los jóvenes eran amigos y acólitos que visitaban libremente su casa. Según el sacerdote, la Policía llegó tras una llamada ciudadana, no encontró pruebas de delito, interrogó a los menores y contactó a sus padres. Asimismo, él negó cualquier comportamiento inapropiado y se mostró dispuesto a colaborar con la justicia y la Iglesia.
Por su parte, la Comisión de la Niñez y Adolescencia de la Asamblea Nacional manifestó preocupación por los hechos, exhortando a la Fiscalía a activar medidas de protección para los menores involucrados y recordando que ninguna investidura religiosa exime de responsabilidad ante delitos contra la niñez. Esta comisión también integrará el caso dentro de un proceso de fiscalización contra la violencia sexual institucional y clerical que ya mantienen en curso.
El sacerdote declaró que los adolescentes estaban jugando videojuegos y se preparaban para asistir a un evento social. Además, negó que los jóvenes estuvieran desnudos y aseguró que él vestía camiseta y pantaloneta. La diócesis local y la Conferencia Episcopal Ecuatoriana aún no se han pronunciado oficialmente sobre el caso.
Este hecho ha generado diversas reacciones en la sociedad, con algunos criticando y acusando al cura, y otros defendiendo su inocencia o señalando que se busca afectar su imagen. Mientras tanto, se ha solicitado que el sacerdote salga de la parroquia en espera del desarrollo de las investigaciones.
La Fiscalía sigue con el proceso previo a establecer si existen méritos para una acusación formal, en medio de un ambiente de atención nacional al tema de violencia sexual en instituciones religiosas en Ecuador.
Fuente: El Telégrafo