Según datos de la OMS, se estima que una de cada seis personas en el mundo se siente sola. En los adultos, este porcentaje es mayor. Una de las paradojas de nuestro tiempo es que cada vez hay más personas que se sienten solas y aisladas a pesar de que viven rodeadas de gente y que tienen más facilidades que nunca para comunicarse con los demás.
La soledad elegida no es lo mismo que la soledad que no se desea: el aislamiento social genera un dolor que afecta a la calidad de vida y a la salud. Por eso se le denomina epidemia silenciosa, porque se la vive en la intimidad del hogar. Es un proceso demográfico que cada vez va en aumento.
Según el Dr. Esteban Ortiz, médico investigador, indicó en Mundo Salud que la soledad es comparable con el tabaquismo porque existe un riesgo alto de mortalidad en quien la padece. 'Las personas que pasan en soledad y aislamiento tienen una probabilidad de una mortalidad prematura con un incremento de hasta el 29%', enfatizó.
La soledad acelera el envejecimiento, las patologías neurológicas como la demencia, enfermedades cardiovasculares, entre otras. No es que una persona por estar sola enferma, sino que mantiene una mala alimentación, ni incentivos para hacer ejercicios u otro.
La soledad no deseada no es solo una cuestión emocional. Es un fenómeno social, cultural y estructural. Combatir la soledad implica transformar nuestros entornos, pero también nuestras creencias. Implica reconstruir una cultura del encuentro, del cuidado mutuo, del reconocimiento del otro como parte necesaria de nuestra propia vida.

