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Diferencias entre hombres y mujeres y su repercusión en la pareja


Una de las principales razones por las cuales las personas van a terapia es por los problemas de pareja, separaciones o dificultad para entenderse  en la relación. Existen otros ámbitos en la vida de las personas como los aspectos profesionales o económicos, sin embargo, lo que más llega a preocupar es no llegar a tener una vida emocional rica y satisfactoria. Curiosamente  no existe una orientación en la educación para lograr construir parejas y familias funcionales.

Hay algunas diferencias en la idiosincrasia femenina y masculina en nuestra sociedad que generan dificultades en la funcionalidad de la pareja, sumado a una falta de inteligencia emocional y situaciones vividas con raíces familiares no resueltas. Para lograr una armonía entre los dos géneros es importante conocerlas para llegar a un entendimiento.

Naturalmente el cerebro masculino y femenino funciona de diferente manera. Según Francis Villatoro muchos estudios psicológicos y neurocientíficos confirman que las mujeres poseen mayor fluidez verbal y realizan más rápido tareas con el lenguaje. Mientras que los hombres son mejores en tareas espaciales, como mover objetos en un espacio tridimensional y tienen mejor precisión en pruebas motoras. Los estudios con neuroimagen confirman que hay diferencias en el metabolismo en el sistema límbico que gestiona las respuestas fisiológicas ante estímulos emocionales. Estas variaciones cognitivas entre sexos se deben a diferentes influencias hormonales sobre el desarrollo del cerebro. Las hormonas sexuales condicionan la organización del cerebro en una etapa precoz de la vida.

Esto hace que las mujeres busquen comunicarse constantemente, usando al lenguaje como una herramienta de acercamiento emocional, mientras que los hombres se enfocan mayormente en la acción. En las relaciones de pareja esto puede generar distanciamiento, porque la mujer busca conversar de las emociones, mientras que el hombre trata de demostrar su afecto por medio de su trabajo o aportes más prácticos.

Otras diferencias que se observan en la cotidianidad son las siguientes:

 La mujer:

  1. Se orienta hacia la gente, tiene más posibilidades de establecer relaciones interpersonales óptimas.
  2. Es predominantemente verbal, afronta los problemas hablando, rara vez incurre en violencia.
  3. Es sumamente emotiva.
  4. Posee un alto grado de intuición.
  5. Se apasiona más por las tareas que emprende, proyecta sus emociones y su propia identidad en el trabajo que lleva a cabo.
  6. Se interesa por los detalles humanos y personales, así como por las anécdotas.

El hombre:

  1. Se orienta hacia las cuestiones prácticas, las tareas, las obligaciones y las cosas, más que hacia las personales.
  2. Es predominantemente físico, afronta los problemas actuando, y en las discusiones puede llegar a ser violento.
  3. Es sumamente práctico.
  4. La intuición decrece para dar paso a la lógica.
  5. Realiza sus tareas de manera intensa y objetiva; mantiene su identidad al margen del trabajo.
  6. Se interesa más por los hechos y los datos.

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Estos parecen datos simples a breves rasgos, pero  qué pasa cuando juntamos a dos personas con formas distintas de operar. Se pueden generar malos entendidos y problemas de comunicación. Por lo tanto, al analizarlos podemos dejar de juzgar al otro y saber que son estilos de la naturaleza, llegando a aceptar que la actitud de la pareja en muchos casos, es una conducta dada por las diferencias biológicas.

Cuando veo personas en el consultorio que van a trabajar problemas de pareja, muchas de las quejas radican en demandas de los dos lados, que no son entendidas o cumplidas por el otro. Es común que las mujeres se quejen de que su pareja no las escucha, no habla con ellas, no les dice cosas románticas, ni se conecta con el lado de la ilusión, además los hombres se muestran más fríos y menos expresivos de lo que la mujer quisiera. Por el lado de los hombres se quejan de que la mujer se muestra constantemente sensible por cualquier situación, falta de practicidad al resolver problemas, exceso de llanto, quejas constantes por la falta de romance, falta de valoración de la acciones o trabajo del hombre en donde busca demostrar su afecto.

Estas situaciones suelen presentar círculos que generan distanciamiento y hasta la ruptura de la relación. En la mayoría de los casos la mujer le reclama por la falta de emotividad y expresividad, el hombre se aleja, porque se siente atacado, la mujer se siente abandonada, se queja aún más el esposo se aleja más porque le cuesta hablar de emociones y se sigue sintiendo descalificado, y así en un círculo constante.

El beneficio de comprender que la acción del otro no es una falla, sino que es una dinámica bastante común entre hombres y mujeres, puede aligerar las cosas. Haciendo que entendamos que no somos iguales en la evolución de ciertas conductas. Entender que la mujer pide cariño, comunicación y expresión afectiva (no porque no ve lo que hago por ella y busca atormentarme), sino porque las mujeres tienen una naturaleza afectiva y comunicativa más expresiva, desataniza el asunto. Del otro lado es igual, entender que los hombres hablan menos, expresan sus emociones con más dificultad, se enfocan más en la acción que en el diálogo, buscan ser más prácticos, ayuda a entender que no es que mi pareja no me quiere sino, que demuestra el afecto de una forma quizás más fría, que se resumen en estar ahí y en trabajar para sustentar el hogar.

Eso no significa que el otro no pueda trabajar en mejorar esas características si esto se vuelve invivible para la pareja. Las mujeres suelen necesitar trabajar en la tolerancia, en dejar de calificar la frialdad como desamor, en dejar de exigir que les den afecto, porque esto genera gran presión y lo que hará es que el otro se aleje y logre aún menos comunicarse. Los hombres, en cambio, en mejorar la comunicación, expresar lo que sienten, demostrar más el cariño con gestos románticos, buscar más la conexión emotiva antes que la sexual, esto hará que la mujer se vuelva más comprensiva y la relación se afiance.

Ahora otro problema radica en la crianza desde la niñez. Los niños hombres tienden a criarse en ambientes en donde es importante demostrar su masculinidad constantemente, esto quiere decir que es mal visto expresar sus emociones, mostrar debilidad o llorar. Se desarrollan enfocándose en juegos de carros, aviones, pistolas, deportes, etc. En esta dinámica poco se le enseña al niño, por ejemplo, a conectarse con la añoranza de una pareja, la familia, la crianza de niños, porque está mal visto socialmente. Las películas que ve es sobre personajes heroicos, peleas, deportes, robots, etc. Aquí no se enfatiza la importancia de estar con la mujer de sus sueños y valorarlo, si el chico es así puede ser tildado como un “ mandarina”, usando el término de la jerga urbana.

En cambio, a las niñas desde pequeñas se les da un muñeco, que representa a su futuro hijo, juega con la cocinita, con la casita, con las muñecas, juega a la familia, al matrimonio feliz, etc. En las películas para niñas se enfatiza el encuentro con el príncipe azul y en cómo todo se soluciona cuando se casa con él. Todo esto hace que la niña crezca sobrevalorando la relación de pareja, de tal manera que cuando crece se vuelve dependiente de esta idea o de su pareja.

La combinación de los dos elementos de crianza da como resultado hombres adultos que tienen vedado expresar su emotividad en exceso, hablar de sus emociones o mostrarse dulces. Mostrarán romance en el momento de la conquista, pero luego volverán a sus actividades laborares, deportivas o sociales, porque con esos refuerzos crecieron, no con los de ser constantemente cuidadoso de su pareja mujer. Los hombres no vivirán soñando con la princesa azul, a menos que vengan de hogares en donde se le haya hablado del tema, sino que esperarán encontrar una mujer guapa con quien satisfacer sus expectativas más físicas y a futuro convivir.

En cambio, la programación educativa crea mujeres adultas, que esperan como mayor prioridad de su vida encontrar al príncipe azul, romántico, perfecto, entregado a la relación, que la mime y la trate como una reina, para después casarse y vivir feliz por siempre, teniendo hijos. Con esta visión la mujer muchas veces olvida valerse por sí misma o motivarse en otros logros que no sean estos, por lo que cuando está en una relación vive para las expectativas del romance todo el tiempo, generando una presión constante en el otro, dejando a un lado enriquecerse con tareas de otra índole.

Al unir a estos dos personajes, tenemos a hombres fríos prácticos, con mujeres soñadoras románticas. La combinación no funciona porque el hombre no se entrenó para complacer a la pareja, ni para ser un príncipe azul. Y la mujer tampoco se entrenó para una relación con una persona que no es un príncipe, y tiene que lidiar con la realidad que es un hombre enfocado en necesidades de varias índoles, que no sabe ser romántico. El resultado de esto es el drama constante de demandas no cumplidas, no hay suficiente romance por el lado de los hombres y no hay tolerancia y pragmatismo por el lado de las mujeres.

Al conocer esto lo que se puede hacer es tener una visión más equilibrada del asunto, saber que mi pareja no va a ser como yo espero, y que tengo que trabajar para acoplarme, pero también entender que el otro fue criado en un contexto irreal, en donde ninguno de los dos sabía cómo ser una buena pareja, conocer al otro género y adaptarse.

En la crianza de los niños valdría la pena un enfoque más moderado, en donde al hombre se le enseñe a expresar sentimientos y a jugar con muñecos si satanizarlo, y a las niñas a darles otros sentido de vida más allá de la familia y la pareja, para que no se vuelvan en el futuro mujeres dependientes.

Al entender estas diferencias espero que sea más fácil comprender al otro, dejar las malas interpretaciones que resultan dolorosas y así con el tiempo ceder y aceptar al otro con el fin de tener mejores parejas.



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