La disputa por el multimillonario patrimonio de Michael Jackson suma un nuevo capítulo, esta vez con un protagonista inesperado: Bigi Jackson.
El menor de los hijos del artista intentó mediar entre su hermana Paris Jackson y los albaceas del legado, pero el acuerdo finalmente no prosperó.
El conflicto gira en torno al control y la transparencia de una fortuna que supera los 2.000 millones de dólares. Aunque por años se ha mantenido al margen del foco mediático, Bigi asumió un rol activo a través de su equipo legal, buscando acercar posiciones entre las partes.
Claves del conflicto
1. Un acuerdo que parecía cerrado
Según los albaceas, las negociaciones avanzaban hacia un consenso que incluía mayor supervisión judicial sobre pagos y honorarios legales. Sin embargo, el proceso se quebró cuando Paris se retiró en el último momento y presentó una nueva propuesta.
2. Versiones enfrentadas
Mientras los administradores aseguran que el acuerdo estaba prácticamente listo, el entorno de Paris sostiene que nunca hubo un pacto definitivo y que existían vacíos legales importantes.
3. El foco: transparencia financiera
Paris ha cuestionado la gestión del patrimonio, alegando retrasos en informes contables y falta de claridad en pagos millonarios a abogados y ejecutores. También ha señalado una posible mala administración de recursos que limitaría su rentabilidad.
4. La defensa de los albaceas
Por su parte, los responsables del patrimonio, como John Branca, aseguran haber transformado una herencia con deudas superiores a 500 millones de dólares en un imperio financiero sólido desde 2009.
5. Un conflicto con consecuencias legales
La disputa ya ha tenido impacto judicial. En 2025, parte de las demandas de Paris fueron desestimadas, obligándola a cubrir costos legales significativos.
Más allá de los números, el caso refleja tensiones familiares profundas en torno a decisiones financieras, control y legado. La intervención de Bigi, tradicionalmente alejado de la vida pública, evidencia un cambio en su rol dentro de la dinámica familiar.
Mientras no haya acuerdo, la batalla por el legado del "Rey del Pop" sigue abierta, combinando dinero, poder y diferencias irreconciliables en una de las herencias más complejas del entretenimiento.

