Desde que Billy Joel inició su residencia en el Madison Square Garden en 2014 acumuló 150 conciertos con una presentación por mes, convirtiéndolo en uno de los artistas más vendidos de la historia en el recinto.
Todo eso a pesar de que pierde 20 mil dólares por noche, a causa de que el cantante neoyorkino no permite que se vendan los asientos de primera fila, los cuales llama "la cadena de oro" porque es el primer contacto con su público. Esta política la mantiene desde casi el nacimiento de su carrera musical.
El interprete reconocido por éxitos como "Honestly" reveló que la reventa de boletos de sus conciertos suele alcanzar precios exorbitantes, lo que sólo permite la entrada a los más ricos, quienes en su mayoría sólo compran las entradas como símbolo de estatus.
"Nuestras entradas son baratas pero resulta que miraba hacia abajo y veía tipos fumando puros con caras de 'entretenme pianista', hacían ruido, no bailaban, sólo se sentaban ahí con sus novias de pelo abultado con su pose de pez gordo", confesó Joel que eso llegó a molestarle un poco.