Un día después del anuncio del fin del paro, las vías obstaculizadas en Imbabura y Pichincha fueron habilitadas por la Fuerza Pública. Las movilizaciones, a diferencia de otras, culminaron pese a la ausencia de un diálogo entre el Gobierno y el movimiento indígena.
Para el analista político, Gustavo Isch, las relaciones entre el Ejecutivo y la CONAIE resultaron "peor" que en el inicio de las manifestaciones. Consideró que, si bien no podría hablarse de vencedores o ganadores, las protestas despertaron un sentimiento de inconformidad en otras zonas como Cuenca, donde por sí solas, las organizaciones sociales no lograban convocar a suficientes personas.
Esto evidenció, según Isch, que los problemas sociales "quedaron allí", mientras que las "heridas" abiertas del paro tardarán en cerrarse, más de lo esperado.
"El paro, en lo formal, ha terminado, pero las heridas abiertas y el descontento de la ciudadanía sigue vigente", dijo.
Según Isch, la molestia de la ciudadanía se centra en el tiempo en el que ha gobernado el actual presidente Daniel Noboa y los pocos resultados que, a criterio de la población, no se han reflejado en términos de salud, educación, cuidado del medioambiente o incluso, la propia inseguridad.
El analista lamentó que, dentro de las distintas crisis, exista una errada figura de liderazgo, impulsada por el Presidente de la República. Consideró que el Ejecutivo ha centrado su estrategia a modo de "apagar incendios" y resolver conflictos de manera focalizada, en lugar de integral.
"La crisis de liderazgo es general. Del Mandatario. La crisis de representación política e institucional le ayuda mucho a decir que todo es producto del pasado. El país necesita una nueva narrativa y un nuevo liderazgo", cuestionó.
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