La antigua capilla del Museo de la Ciudad -desacralizada desde 1998- fue el espacio en el que la obra drag 'Aristócratas' se realizó a finales de noviembre. La puesta en escena trajo consigo una contraposición de criterios desde quienes alegan vulneraciones a la fe católica, a quienes aseguran que cuestionar la interpretación es un retroceso en derechos humanos.
El alcalde de Quito, Pabel Muñoz, ofreció disculpas públicas por "las molestias" generadas en la comunidad católica por la realización de la obra drag, y ratificó el "respeto absoluto" de su administración a todas las diversidades, incluido el catolicismo.
Paula Vega, integrante de la Red de Jóvenes de Calderón, consideró que más allá de un rechazo a la representación cultural por parte de comunidades religiosas, se reprodujo un discurso de odio en contra de la diversidad sexo-genérica. Recordó que, desde 1998, la capilla permanece desacralizada y no se ofician eucaristías.
Pero otra de las preocupaciones, según Vega, es la restricción a usar el espacio público. Señaló que, impedir que obras drag se realicen en estos sitios implicaría retirar la posibilidad de que la comunidad LGBTIQ+ utilice estos espacios, que históricamente les fueron negados.
"Quiere decir que si es una persona de la diversidad sexo-genérica no tienes derecho a usar el espacio público", dijo.
Vega reconoció que, si bien resulta positivo que el alcalde Pabel Muñoz haya ofrecido disculpas, hizo un llamado a las autoridades a que este impasse no sirva como precedente para negarle fondos y espacios públicos a la diversidad sexo-genérica.
Por otro lado, insistió en que la intención de la comunidad LGBTIQ+ no fue ofender a la Iglesia Católica, sino únicamente usar el espacio ya desacralizado para una obra teatral drag.
"No fue nuestra intención herirlos. No quisimos burlarnos de la religión, ni de las imágenes religiosas, ni de su comunidad. Fue un acto de expresión cultural", enfatizó.
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