Hay sonidos, tradiciones y vivencias que le recuerdan a Juana Guarderas la pintura de un Quito antiguo. Las casas con jardines y sin rejas de La Mariscal fueron su parque de diversiones cuando era niña y jugaba junto a sus primos en la casa de su abuela paterna ubicada en las calles José Calama y Reina Victoria. Correteaban de arriba a abajo en el barrio hasta llegar al parque Gabriela Mistral, mientras sus tías y abuela conversaban en el patio.
"Por Dios, cuando empiece a oscurecer, ahí regresen (...) no irán por dónde esté muy botado", les decían los adultos de la familia, al mismo tiempo que el sentido de vecindad no permitía que los menores estén expuestos al peligro.
Ya en la escuela y el colegio, Juana Guarderas recuerda los famosos lunes cívico, donde los estudiantes se formaban en filas y en posición de 'firmes' permanecían por casi una hora. Se cantaba el himno en las mañanas y se esperaba alocuciones de los compañeros que preparaban sus presentaciones con anticipación.
De camino a casa, no podía faltar el vecino o la vecina de la tienda. "Era tu cómplice", dice Guarderas, al detallar que, en una manera de relacionarse menos hostil, con más confianza y familiaridad, era una especie de "cómplice" del vecindario.
La "banda sonora" de un Quito de antaño
Lejos de la saturación de sonidos urbanos del Quito actual, Juana Guarderas extraña melodías que retratan perfectamente el diario vivir de la antigua capital. Pregoneros en la calle, personas vendiendo periódicos, botellas y otros oficios despertaban a los quiteños de hace varios años. Tampoco puede faltar, por supuesto, quienes ofrecían café, humitas y espumilla cerca de las plazas, promocionando sabores típicos del país.
Ahora, lo que quedó de ese Quito antiguo, según Guarderas, son los chatarreros que pasan por algunos barrios comprando refrigeradoras y otros electrodomésticos en desuso. Pero también están, de alguna otra forma, los anuncios de las rutas de buses dentro de la ciudad, entre las que recuerda a Colón-Camal, Cochabamba-Chilibulo, Camal-Hipódromo y otras más.
"Es una de las bandas sonoras que me recuerda y me instala en este Quito".
La terapia de "entretejer" y crear comunidad
El primer personaje que viene a la mente de Guarderas es el histórico Evaristo Corral y Chancleta. Recapitular lo que fue Quito hace varios años se remonta a la presencia de Ernesto Albán en la historia de la ciudad y que, según Guarderas, refleja tradiciones y cultura. Esa que antes congregaba a niños, jóvenes, adultos y mayores en las fiestas de Quito sin distinción marcada de generaciones.
Todo un barrio bailando en el asueto por la fundación de la capital es el escenario que Guarderas atesora y anhela por el sentido de comunidad y vecindad que se vivía en el Quito antiguo. Ahora, el pendiente en vísperas de la celebración por los 491 años de fundación, dijo, es entrar en una especie de "terapia" para retomar el tejido que envuelve a todos quienes viven en la ciudad para gritar al unísono: ¡Que viva Quito!
"Señores quiteños, regresémonos a ver entre nosotros. Volvamos a crear esta relación de barrio. Volvamos a entretejernos entre nosotros".
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