Bernarda Ordóñez

Violencia en el sistema educativo: es urgente trabajar en protocolos y concientización en planteles y hogares, dice exsecretaria de DD.HH.

Dos casos de violencia escolar encendieron las alarmas sobre lo que está ocurriendo al interior de los planteles educativos de la capital ecuatoriana.

En apenas una semana, dos hechos violentos se registraron en la comunidad educativa de Quito. El 19 de junio, dos adolescentes ingresaron con un arma de fuego a una institución educativa y uno de ellos disparó, mientras que un día después, el 20 de junio, se registró la brutal golpiza de una estudiante a otra, en el parque Itchimbía. 

En NotiMundo al Día, Bernarda Ordóñez, exsecretaria de Derechos Humanos, consideró que lo que está ocurriendo en varios planteles educativos es el reflejo de la crisis de seguridad que atraviesa Ecuador. 

Explicó que la violencia escolar puede analizarse desde dos dimensiones: la violencia entre pares, que guarda relación con lo ocurrido en el Itchimbía y las agresiones que sufren niños, niñas y adolescentes en el sistema educativo, como acoso y abuso sexual, que sigue siendo un problema invisibilizado. 

La otra dimensión está relacionada con las dinámicas del crimen organizado, lo que ocasiona diversos efectos en la continuidad académica de los estudiantes, añadió. Para Ordóñez, dentro de los problemas que existen en el país, hay múltiples factores que afectan de manera directa a los menores de edad, por ejemplo, la salud mental.

"El Ecuador es uno de los países con la tasa de suicidio infantil más alta de la región y que tiene altos índices de consumo de drogas, y donde la salud mental está completamente invisibilizada", apuntó. 

Ordóñez lamentó que las herramientas existentes sean limitadas, porque existe una total desarticulación de la política pública para enfrentar esta problemática. "A nivel de normativa, Ecuador es pionero; las brechas o desafíos están en la aplicación", sostuvo. Los servicios de respuesta no logran articularse y por esto continúa replicándose la violencia, y tampoco existe acompañamiento integral para las víctimas.

El principal problema, dijo Ordóñez, es que no se conocen ni se activan los protocolos y, por ende, no se sabe cómo actuar ante las crisis. Por ello, dijo, se deben reforzar estos dos últimos puntos, e hizo un llamado a cuestionar la violencia desde todos los espacios.

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