La ignorancia y mala fe no ayudan a profundizar el debate democrático, dice expresidente de la Constituyente
¿Quiénes y para qué necesitan una nueva Constitución? Es la pregunta que se hace Alberto Acosta Espinosa, expresidente de la Asamblea Constituyente. En NotiMundo al Día, Acosta recordó que la Carta Magna de 2008 fue aprobada por la mayoría de ecuatorianos, aunque, "lamentablemente, no haya sido puesta en vigencia en su totalidad".
Acosta señaló que los ataques a la Constitución de Montecristi, aprobada el 28 de septiembre de 2008, vinieron casi de inmediato, desde distintos frentes, y se han profundizado hasta llegar al gobierno de Daniel Noboa, quien "trató de controlar la Corte Constitucional, para, a través de leyes inconstitucionales", modificar la Constitución.
A su criterio, las "viejas y nuevas oligarquías" siempre se opusieron a la Carta Magna, por su contenido que prefiguran una sociedad fundamentada en la justicia social y ecológica, con una creciente democratización en la toma de decisiones. Estos sectores, dijo, encuentran en este momento un escenario ideal para tumbarla con mentiras y engaños, "incluso con el apoyo de muchos medios de comunicación".
El hecho de que Noboa no haya anticipado un proyecto de Constitución o los cambios concretos que busca implementar, generan preocupación en Acosta, por lo que podría representar la entrega de un "cheque en blanco" para que el mandatario tenga vía libre para sus propósitos.
"(Noboa) está empeñado en concentrar el poder de una forma cada vez más acelerada", sostuvo.
Para Acosta, existen algunos temas que pueden "ajustarse" sin necesidad de cambiar la Constitución, como la existencia del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS), el cual, reconoció que, aunque la intención de su creación fue buena, "nos salió el tiro por la culata".
La gran tarea, según Acosta, es que se cumpla la actual Constitución.
"Una Constitución por sí sola no cambia la realidad; la sociedad tiene que empoderarse para transformarla en una herramienta para cambiar la sociedad. Eso es lo que les incomoda y aterra a las élites", apuntó.
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