El fotógrafo Fernando O'Farrill retrata la vida salvaje desde un ángulo muy personal. Su relación con la cámara empezó desde que era muy pequeño. A los cinco años, cuando visitó un zoológico con su padre, le pidió que le preste la cámara para retratar a los animales. A los 15 ya trabajaba en fotografía, y con el paso del tiempo, se convirtió en una carrera que le llevó a recorrer varios países como África, la Patagonia, África, el Ártico y lugares de Europa.
Detrás de sus tomas, hay mucho trabajo. O'Farrill permanece entre ocho diez horas oculto, casi inmóvil, esperando a que un animal aparezca. En sus expediciones viaja con todo un equipo muy pesado y planifica sus viajes según la temporada y la especie que quiere documentar.
Entre su archivo fotográfico hay osos polares, lobos, linces, jaguares y vida marina. Su objetivo, según detalla, es acercar estos animales al público para generar conocimiento sobre ellos, admiración y que exista ese deseo profundo de proteger y conservar la especie. Cada imagen cuenta una historia nueva.

