El ego no es algo que se lo menciona en las juntas directivas. No aparece en los reportes de desempeño, pero está ahí. Silencioso, poderoso, condicionando decisiones y visiones de futuro. Se convierte en el peor enemigo del gerente porque distorsiona la realidad. Alimenta una falsa sensación de infalibilidad, bloquea la escucha activa, frena la innovación y promueve decisiones orientadas a proteger la imagen personal y la superioridad en lugar de los resultados del negocio.
El ego puede convertirse en una barrera para innovar, delegar y crecer dentro de una organización. Un factor que tienen los líderes buenos, de los que no lo son, es que precisamente saben gestionar de manera asertiva su ego, no visto como una falta de humildad, sino que, por ejemplo, el saber escuchar.
Un gerente que sabe escuchar, que le gusta rodearse de gente más capaz, inteligente que uno mismo, son aquellos que tienen éxito, según detalla Marcelo Albuja Freile, especialista en estrategia y operaciones en el IDE Business School, en entrevista para Café Fm Mundo. 'Los que creen tener siempre la razón, los que se creen dueños de la verdad, no son los que triunfan', expresa.
Hay dos efectos adversos en los líderes con un mal ego; el primero es que este gerente 'se vuelve un cuello de botella para la organización'. Marcelo manifiesta que esto se ve reflejado en que, cada decisión debe pasar por él y no delega ni permite que la organización aprenda. El otro efecto se ve reflejado en los resultados.
'Un buen líder, no es el que hace el gol, sino el que quiere ganar', puntualiza Marcelo.
Esto también se aplica en las empresas, ya que, un buen gerente no busca ser el protagonista de la organización, necesariamente, sino que debe hacer todo lo posible para que a todo el equipo le vaya bien y gane.
Marcelo considera indispensable, para evitar errores dentro de las empresas, que los gerentes escuchen y se dejen ayudar y asesorar, para así garantizar el éxito empresarial.

