Fornasini señala que esta conducta puede comenzar desde la infancia y la adolescencia, etapas en las que muchas personas desarrollan la idea de convertirse en una especie de superhéroes capaces de rescatar a los demás. Este patrón puede llevar a elegir parejas que atraviesan numerosos problemas o que parecen necesitar ayuda constante. La especialista explica que los padres suelen ser los primeros modelos de cómo entendemos el amor; por eso, cuando hubo ausencia de los padres o faltaron ciertas experiencias afectivas, algunas personas pueden buscar en sus relaciones vínculos que repitan esas dinámicas. Sin embargo, estas experiencias no determinan necesariamente cómo serán todas las relaciones futuras.
Por esta razón, la psicóloga destaca la importancia de la terapia para reconocer las heridas emocionales y las experiencias de la infancia que pueden influir en las decisiones amorosas. El objetivo es aprender a elegir una pareja desde la conciencia y no desde experiencias dolorosas que todavía no se han trabajado. Aunque en una relación es normal cuidar, apoyar y acompañar al otro, Fornasini recuerda que ese apoyo no puede recaer siempre sobre una sola persona. Una relación saludable implica que ambos puedan aportar, asumir sus responsabilidades y respetar sus propias necesidades.
La necesidad constante de salvar a la pareja también puede resultar agotadora y convertirse en un patrón difícil de abandonar, especialmente cuando la persona siente que su valor depende de cuánto ayuda a los demás.
Fornasini también advierte que la dependencia puede presentarse en ambas partes: quien siente que debe resolverlo todo y quien necesita ser rescatado constantemente. En ocasiones, detrás de esta dinámica aparece el mensaje: "Tú no puedes solo, necesitas que yo te ayude", una idea que puede limitar la autonomía del otro.
La especialista recalca que tanto quien asume el papel de salvador como quien depende de ese cuidado pueden beneficiarse de la terapia. No se trata de dejar de apoyar a la pareja, sino de reconocer cuándo la ayuda se transforma en una obligación permanente y empieza a afectar el bienestar de ambos. Aprender a establecer límites, respetar la autonomía del otro y reconocer las propias necesidades permite construir relaciones más equilibradas.
Amar también significa acompañar sin asumir la responsabilidad de resolver la vida de otra persona: cada integrante de la pareja debe poder crecer y hacerse cargo de sus propias decisiones.