El descanso no sirve de nada si es que la mente sigue alerta, vigilante y sintiéndose responsable de resolver o responder todo. Cada vez estamos más conectados, y nos sentimos en esa obligación de responder de manera inmediata a los demás.
Aunque el cuerpo esté quieto (acostado o en silencio), la mente sigue en modo de espera, atenta al teléfono, a los pendientes o a las necesidades de los demás. Estar disponible significa que sigues cargando responsabilidades emocionales o mentales que no has soltado.
Santiago del Salto, coach oncológico, en entrevista para El Mundo de Cabeza, explica cómo esta idea de 'proteger la paz', tendemos alejarnos, cortar conversaciones o dejar de responder ciertos mensajes o llamadas y esto puede ser una dificultad para confrontar, explicar lo que sentimos o sostener una conversación que, muchas veces, nos puede resultar incómoda.

