En Ocean Beach, uno de los lugares más emblemáticos de San Francisco, existe un teléfono que nunca sonará. No tiene línea telefónica, cobertura ni conexión a internet. Sin embargo, todos los días alguien levanta el auricular para mantener una conversación profundamente significativa con una persona que ya no está.
La instalación artística, llamada Ocean Calling, se encuentra en Sunset Dunes Park, donde la calle Ortega se encuentra con el océano Pacífico. Fue creada por las artistas locales Jamae Tasker y Sarah McCarthy Grimm, quienes transformaron su propio duelo por la pérdida de sus hermanos menores en un proyecto abierto al público. Inspiradas en el famoso Teléfono del Viento, creado en 2010 por el jardinero japonés Itaru Sasaki tras la muerte de un familiar y que adquirió relevancia mundial después del terremoto y tsunami de 2011 en Japón, ambas buscaron ofrecer un espacio donde el dolor pudiera expresarse sin juicios.

El concepto es sencillo, pero profundamente simbólico. Quienes visitan el lugar pueden hablar en voz alta con un ser querido fallecido o desaparecido, expresar palabras que nunca lograron decir o simplemente compartir recuerdos. Aunque el teléfono no está conectado a ninguna red, la experiencia invita a sentir que el viento y las olas transportan esos mensajes.
La propuesta también incorpora un fuerte componente ambiental. Junto al teléfono se instaló un jardín con plantas nativas de la costa de San Francisco para favorecer a los polinizadores locales. Además, una ventana decorativa rinde homenaje a la mariposa azul Xerces, una especie extinta que representa el duelo colectivo por la pérdida de la biodiversidad.
Lejos de prometer respuestas sobrenaturales, Ocean Calling busca normalizar las conversaciones sobre el duelo y recordar que expresar emociones también forma parte del proceso de sanar. En un mundo donde muchas veces el dolor se vive en silencio, este rincón frente al mar demuestra que, a veces, una llamada imposible puede convertirse en el primer paso para encontrar paz.

