La explicación psicológica detrás

¿Por qué un "casi algo" duele tanto?

No fueron novios, pero el dolor se siente como si hubieran terminado una relación de años. Los llamados "casi algo" se han convertido en una de las experiencias amorosas más comunes entre los jóvenes y, para muchos, también en una de las más difíciles de superar. La psicóloga clínica Giovanna Gavelli explica por qué estas relaciones generan tanto sufrimiento y cómo salir de ese limbo emocional.

Los "casi algo" son esas relaciones que nunca llegan a formalizarse, pero en las que existe intimidad, salidas, tiempo compartido e incluso presentaciones con la familia o los amigos. Aunque desde el inicio ambas personas puedan decir que "no buscan una relación seria", con el paso del tiempo una de ellas suele involucrarse emocionalmente más que la otra. 

Según Gavelli, muchas veces uno se siente cómodo manteniendo esa dinámica, mientras el otro espera que la relación evolucione. Además, explica que este tipo de vínculos suele presentarse con personas que tienen un apego evitativo o que, simplemente, no están emocionalmente disponibles. En esos casos, por más fuerte que parezca la conexión, no depende de la otra persona hacer que la situación cambie.

Para la especialista, un "casi algo" puede doler incluso más que una relación formal porque deja una sensación de asuntos pendientes. "Es como haber silenciado tu voz", señala. Son todas esas palabras que nunca se dijeron, las conversaciones que quedaron pendientes y las expectativas que jamás llegaron a cumplirse. A esto se suma la ambigüedad, un factor que la psicología identifica como una fuente importante de ansiedad. 

Cuando no existe claridad sobre el rumbo de la relación, aparece la incertidumbre y muchas personas permanecen esperando que, "en cualquier momento", la otra persona decida formalizar el vínculo. Sin embargo, esa expectativa, en la mayoría de los casos, no se cumple.

Las emociones más frecuentes en estas situaciones son la ansiedad y la tristeza. La ansiedad aparece al intentar descifrar constantemente qué siente o qué piensa la otra persona, mientras que la tristeza surge al darse cuenta de que la relación no ofrece lo que realmente se desea.

Por eso, Gavelli recomienda comenzar preguntándose qué es lo que uno quiere en realidad y dejar de entregar el control de las propias necesidades a la otra persona. Hablar con claridad, expresar lo que se espera de la relación y preguntarse si uno mismo se está negando la oportunidad de hacer algo diferente son pasos fundamentales para salir de ese limbo emocional.

Al final, escuchar la propia voz y poner límites saludables puede evitar que un "casi algo" termine convirtiéndose en una herida mucho más profunda.