Vestir a un perro o un gato para Halloween puede ser una actividad linda y segura si es que el animal tolera la prenda y esta no altera sus funciones básicas. La prioridad es que el disfraz no limite la respiración, visión ni movimiento de la mascota.
Antes de vestirlo con cualquier atuendo, es importante comprobar que la mascota pueda sentarse, recostarse, caminar y subir las gradas con naturalidad.
La American Society for the Prevention of Cruelty to Animals (ASPCA) recomienda no disfrazar los perros o gatos salvo que sepan que las mascotas disfruten de esa experiencia. Si es que deciden hacerlo, la ropa no debe obstaculizar la vista, la respiración, capacidad de ladrar o maullar ni el desplazamiento.
Según expertos veterinarios, las prendas no deben ser ajustadas, deben permitir el flujo de aire y no les tiene que causar estrés a las mascotas. Una prenda muy ceñida puede restringir la circulación, respiración o movimientos. Al contrario, una muy holgada puede engancharse en cosas.
Si es que el animal se encuentra incómodo, es mejor retirar el disfraz. Una sola señal no siempre permite establecer la causa, por lo que es importante observar el conjunto de la conducta y compararlo con el comportamiento habitual de la mascota.

