Guerra arancelaria

La tasa del 100% "cierra cualquier posibilidad de comercio" entre Ecuador y Colombia, alertan exportadores de ambos países

El 1 de mayo rige un arancel del 100% sobre importaciones colombianas por disposición del Ecuador.

El Consejo de Ministros de Colombia fue el escenario en el que el presidente Gustavo Petro se refirió a la escalada de tensiones comerciales con Ecuador. El Mandatario aseguró que la frontera enfrenta una serie de problemas y debería evitarse que esta "caiga en manos de la mafia".

"Lo que está haciendo Noboa es entregarle la frontera a la mafia (...) está entregando el comercio al contrabando y esa es la cara del lavado de dólares de los narcotraficantes", dijo.

Petro también se refirió a la venta de energía desde Colombia a Ecuador, que se mantiene suspendida desde el inicio de las tensiones comerciales y que, según el Mandatario, no se restablecerá a menos que se cumpla una condición:

"Quite los aranceles y hablamos", enfatizó.

Preocupaciones del sector exportador bilateral

Para Xavier Rosero, presidente de Fedexpor, lo que inició como un tema comercial y de seguridad trasladó sus afectaciones a la integralidad de la relación bilateral. Esto, basándose en una afirmación en particular: el anuncio de Gustavo Petro de abandonar la CAN y que podría reconfigurar el manejo del flujo comercial en la subregión.

"Empezó como un tema temporal y hoy puede dejar secuelas permanentes (...) el anuncio de Colombia puede involucrar cadenas robustecidas entre Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia", sostuvo.

Javier Díaz, presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior de Colombia, consideró que el anuncio de Petro de salir de la Comunidad Andina no tiene mayor argumento. Aclaró que, pese a incurrir en esta decisión, Colombia debe mantener los compromisos comerciales adquiridos durante los próximos cinco años. La propuesta del Presidente es anexarse al Mercosur, algo que Díaz ve complejo dado al arancel externo común que debe aplicarse, frente a los 18 acuerdos comerciales vigentes de Colombia.

"Eso no tiene ni pies ni cabeza. Es la improvisación y el mal manejo por parte del gobierno colombiano de esta situación", enfatizó.

Según Díaz, al hablar de la guerra arancelaria, los gobiernos de ambos países deberían pensar en sus consumidores. Sobre esto, dijo, las fricciones que partieron como comerciales, escalaron al ámbito político y se tornaron personales, se medirán en el impacto que tengan las medidas recíprocas sobre sus poblaciones.

"Una tasa del 100% lleva a cerrar el comercio entre los dos países. Estamos cerrando cualquier posibilidad de comercio entre los dos países", precisó.

Fronteras cerradas y riesgo de contrabando

Del lado ecuatoriano, el argumento para aplicar la tasa de seguridad es una omisión de Colombia en el control del narcotráfico en frontera. No obstante, Rosero consideró que este tema en particular no debe mezclarse con el ámbito comercial.
Como sector exportador, existe gran preocupación por el impacto que puede tener el tráfico de drogas. Sin embargo, insistió en que la mejor manera para cerrarle el paso al contrabando y la ilegalidad es con el comercio formal.

Según Rosero, las primeras afectaciones en términos de contrabando ya se han evidenciado durante los últimos meses. Señaló que, a voz de los transportistas en frontera, se reportaron pasos de informalidad para el paso de productos.

Por otro lado, se refirió al impacto a nivel comercial de los aranceles en la cadena importadora. Recordó que no todos los insumos que se traen de Colombia llegan a Ecuador a modo de destino final, sino que se transforman en el país para ser enviados a mercados terceros.

"Lo que está ocurriendo es una muestra de que cuando las diferencias políticas entrelazan estos dos mundos (seguridad y comercio) sin necesariamente resolverlos, es porque tenemos este escenario", indicó.

Por su parte, Díaz insistió en que, si bien el comercio no se detendría, se generarían mayores rutas del flujo informal. Esto, particularmente en productos pequeños como alimentos y productos de aseo. Por el contrario, un mercado grande como el de automóviles y autopartes no podría caer en el contrabando.

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