Un hospital localizado en la región de Beersheva, en el sur de Israel, fue impactado durante el último lanzamiento de misiles iraníes, sin que por el momento se reporten daños personales. Las autoridades tampoco registran heridos en el hospital donde, según el diario Haaretz, el personal se encontraba en la planta baja a fin de mitigar el riesgo ante un eventual ataque.
Verónica del Carmen Espín es una de las muchas ecuatorianas que residen en Israel. Vive en Tel Aviv, justo en el centro del país, y recuerda que, desde el inicio de la ofensiva iraní, su rutina cambió radicalmente.
Las sirenas suenan mayormente en las madrugadas, en una señal que advierte una sola cosa: la evacuación a refugios o búnkers. Mientras tanto, el panorama en las calles es desolador.
Gran parte de los locales permanecen cerrados y solo atienden centros de salud que brindan atención a personas heridas por los bombardeos. Las líneas de bus se mantienen suspendidas, ante la falta de movimiento y trabajo.
"No es la vida normal que teníamos antes (...) no pensamos que iba a llegar a este extremo", sostuvo.
Residentes y ciudadanos ven pasar los misiles iraníes y escuchan las explosiones en edificios y calles, en un escenario que obligó a la comunidad latina a mantenerse en contacto para conocer el estado de los ciudadanos o compatriotas, ante la ofensiva. Es este panorama que, según Verónica, la fuerza a tomar una importante decisión: salir de Israel. Consideró que, si los bombardeos en el centro del país continúan, retornar a Ecuador tampoco es una opción.
"No sabemos qué hacer del pánico, miedo y la impotencia", dijo.
Para Verónica, la situación podría tener dos desenlaces. El primero, que el conflicto se extienda por mucho tiempo y, el segundo, que el conflicto cese ante la alerta y posibilidad de que las hostilidades despierten nuevamente las alertas.
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