La tecnología también podría tributar

Bill Gates propone impuestos para robots que reemplacen a trabajadores

Bill Gates plantea que robots e inteligencia artificial paguen impuestos si reemplazan empleos, una propuesta que busca transformar la fiscalidad ante el avance de la automatización laboral.

La inteligencia artificial y los robots no solo están cambiando la manera de trabajar; también podrían obligar a replantear cómo los gobiernos recaudan impuestos. El debate volvió a cobrar fuerza después de que Bill Gates planteara que las empresas deberían asumir una mayor carga fiscal cuando la tecnología sustituya trabajadores humanos.

El cofundador de Microsoft sostiene que, si la automatización provoca una reducción significativa del empleo, los sistemas tributarios tendrán que adaptarse. Su propuesta apunta a trasladar parte de la carga fiscal que actualmente recae sobre el trabajo hacia el capital tecnológico, incluidos los robots y la inteligencia artificial.

Gates considera que este cambio podría ser necesario en aproximadamente cinco años si la pérdida de empleos asociada con la automatización se acelera. El objetivo sería evitar que los Estados pierdan ingresos provenientes de impuestos y contribuciones vinculados al empleo mientras las empresas obtienen beneficios de una mayor productividad tecnológica.

La idea, sin embargo, no significa que cada robot tenga que convertirse literalmente en contribuyente. El planteamiento se refiere principalmente a establecer mecanismos para que las compañías que utilizan tecnologías capaces de reemplazar trabajadores aporten recursos adicionales al sistema fiscal.

El concepto tampoco es completamente nuevo. Gates ya había defendido en 2017 la posibilidad de aplicar un impuesto a los robots para moderar el ritmo de automatización y financiar programas destinados a las personas afectadas por la pérdida de empleos.

El debate se ha ampliado con el crecimiento de la inteligencia artificial generativa. Algunos especialistas plantean impuestos relacionados con el uso de capacidad informática, mientras otros consideran que sería preferible reformar los impuestos corporativos o gravar las ganancias derivadas de la automatización.

También existen críticas. Un impuesto específico a los robots podría dificultar la innovación, encarecer inversiones o ser complicado de aplicar, especialmente porque no siempre es sencillo determinar cuándo una tecnología realmente reemplaza a una persona y cuándo simplemente aumenta su productividad. Investigaciones recientes también advierten que cualquier impuesto a la IA tendría que considerar problemas de medición, evasión y posibles efectos sobre la innovación.

Por ahora, la propuesta de Gates forma parte de un debate internacional y no representa un impuesto vigente de aplicación general. La pregunta de fondo, sin embargo, ya está planteada: si las máquinas generan cada vez más valor económico, ¿cómo deberían contribuir a financiar las sociedades en las que operan?