Un robot rompe esquemas al cursar un doctorado en teatro
El primer robot que estudiará teatro en una universidad
La inteligencia artificial acaba de cruzar un nuevo umbral. Por primera vez en la historia, un robot humanoide fue admitido en un programa de doctorado en una universidad de prestigio. Se trata de Xueba 01, un androide con apariencia humana, desarrollado por la Universidad de Ciencia y Tecnología de Shanghái junto a DroidUp Robotics. El robot estudiará en la Academia de Teatro de Shanghái a partir del 14 de septiembre.
Xueba 01 no es un proyecto simbólico ni un experimento cerrado. Es un estudiante más, con las mismas exigencias que sus compañeros humanos. Deberá asistir a clases, participar en ensayos grupales y presentar una disertación final para obtener su título en el doctorado de Drama y Cine, con enfoque en Diseño de Artes Escénicas Digitales y ópera tradicional china.
Características sorprendentes del androide
- Apariencia humana adaptable: Mide 1,75 metros y pesa 30 kilos, pero puede modificar su altura y apariencia para representar distintos personajes.
- Más de 100 expresiones faciales: Esto le permite actuar, comunicar emociones y participar activamente en puestas en escena.
- Interacción en tiempo real: Gracias a las cámaras integradas en sus ojos y su cerebro de IA, puede responder de forma inmediata al entorno y a los demás.
- Autonomía artística: Puede caminar durante seis horas continuas, generar ruido blanco relajante y definirse a sí mismo como un "artista de IA".
Además, fue evaluado académicamente como cualquier estudiante y cuenta con su propio carné estudiantil virtual. Su mentora, la profesora Yang Qingqing, guiará su desarrollo en este experimento pedagógico sin precedentes, que busca construir "el mundo espiritual del robot" a través del arte.
¿Qué opinan los humanos?
Aunque muchos celebran esta innovación, algunos estudiantes han expresado escepticismo:
"¿Puede un robot captar la riqueza expresiva de la ópera china?", se preguntan en redes sociales.
Xueba 01, sin embargo, no pierde el humor: asegura que, si fracasa, podrá convertirse en una pieza de museo o volver al laboratorio.
Este caso abre nuevas preguntas sobre el futuro del arte, la educación y la convivencia entre humanos y máquinas en espacios creativos.