Andrés Castillo y su forma directa de hacer política
En El Gran Musical, miércoles de invitado especial, y desde la Asamblea Nacional nos acompañó Andrés Castillo, más allá de la política, hoy conoceremos a la persona que está tras el curul.
Castillo recuerda que su primer acercamiento a la política fue cuando era niño y perdió una elección como presidente del curso, derrota que terminó en lágrimas, pero también marcó su carácter. En la escuela no se definía como el mejor estudiante, ni el peor, porque su tiempo estaba repartido entre el atletismo, la banda de guerra, la oratoria y todo lo que implicara participación. Años más tarde estudió Derecho y ese interés por liderar y debatir lo llevó, finalmente, a la política nacional.
Más allá de la Asamblea, hay cosas que lo indignan. En Quito, por ejemplo, dice que se ha perdido la vecindad y el sentido de comunidad: antes se conocía a todo el barrio, hoy ni siquiera al vecino del piso de arriba. A nivel nacional, le molestan profundamente la inseguridad y la injusticia.
Se pregunta cómo es posible que delincuentes sean detenidos y liberados casi de inmediato, y recuerda casos como el del influencer coreano asaltado en una transmisión en vivo, cuyos responsables quedaron en libertad poco después.
Desde su rol como asambleísta, uno de los proyectos en los que trabaja busca reforzar la soberanía del país, a través de una reforma constitucional que permita regular mejor el ingreso de personas al Ecuador, exigiendo visas, récords policiales u otros documentos.
En el plano político, asume que el debate tiene costos personales. "Sarna con gusto no pica", dice, al referirse a los ataques personales y familiares que recibe, pero afirma no arrepentirse.
Sobre las quejas por su forma directa de debatir, responde que "las palabras se hicieron para usarlas", especialmente cuando siente indignación, como ocurrió en el debate de la Ley de Repetición, bloqueado, según señala, por la bancada de la Revolución Ciudadana.
Finalmente, Castillo no descarta servir algún día a Quito desde la Alcaldía, pero aclara que ese cargo no debe ser un trampolín político, sino un espacio para trabajar por la ciudad.
Mientras tanto, asegura que desde la Asamblea seguirá defendiendo su estilo y sus posturas, con la meta de que la gente lo recuerde como un legislador que trabajó por los ecuatorianos y dejó cambios concretos, más allá de las polémicas.
Escucha la entrevista aquí: