El contingente ecuatoriano llegó aproximadamente 36 horas después de los terremotos y fue el tercer grupo internacional de rescate en arribar a la zona afectada. La misión estuvo integrada por 46 especialistas del equipo USAR ECU-01 y dos canes de búsqueda, quienes viajaron con autonomía logística para siete días. Esto significa que el grupo no necesitó alimentos, alojamiento ni recursos del país afectado, permitiendo que toda la ayuda local se destinara a las víctimas.
Cárdenas destacó que en abril del 2026, el equipo de rescate recibió la certificación internacional ante Naciones Unidas, realizada, lo que ratifica que cumplen los estándares para intervenir en emergencias de gran magnitud.
Uno de los momentos más emocionantes de la misión fue el rescate de un niño que permanecía atrapado bajo un edificio colapsado. Danilo Mendoza recuerda que, cinco días después del terremoto, el equipo detectó sonidos provenientes de los escombros. Tras confirmar que había un sobreviviente, iniciaron un operativo que se extendió durante seis horas, retirando cuidadosamente losas, madera y otros materiales hasta lograr extraer al menor con vida y en buenas condiciones. Según relató, el niño sobrevivió porque tuvo la iniciativa de protegerse bajo una estructura resistente, como una mesa o una silla.
Durante la misión también rescataron a una mujer adulta mayor atrapada entre los escombros. Mendoza explicó que cada intervención comienza con una evaluación técnica del colapso, apoyada por equipos tecnológicos y los canes de búsqueda, para localizar sonidos, golpes o gritos que indiquen la presencia de sobrevivientes antes de iniciar la excavación. Aunque cada rescate representa una enorme alegría, reconoce que también existen momentos de profunda frustración cuando las búsquedas no tienen el resultado esperado.
Las labores no estuvieron exentas de dificultades. Los constantes colapsos de estructuras, las vías destruidas y las altas temperaturas complicaron el trabajo de los rescatistas. Sin embargo, ambos coinciden en que fueron recibidos con gran solidaridad y agradecimiento por parte de las autoridades y la comunidad venezolana.
Cárdenas resaltó que el equipo viaja acompañado no solo por rescatistas, sino también por psicólogos, médicos, un veterinario y especialistas en evaluación de infraestructura, con el objetivo de proteger tanto la salud física como emocional del personal y de los perros de búsqueda.
Además, recordó que el apoyo psicológico después de este tipo de misiones es fundamental y que compartir estas experiencias con familiares y amigos ayuda a procesar el impacto emocional de enfrentar escenarios donde cada minuto puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.