La relación entre los seres humanos y sus mascotas se construye a diario a través de gestos, rutinas y distintas maneras de comunicarse que van más allá de las palabras. Esa interacción refuerza la convivencia y permite que las personas reconozcan necesidades, estados de ánimo y momentos compartidos.
Un nuevo estudio realizado por Investigadores de la Universidad de Arizona, crearon un sistema que analiza cómo las personas hablan con sus mascotas para determinar si es que esas interacciones tienen relación con el bienestar de los dueños y de los animales. La investigación, publicada en Frontiers in Psychiatry, busca distinguir qué formas de vínculo cotidiano podrían asociarse con mejores resultados de salud mental.
Hablar con las mascotas, contarlos lo que hacen o los planes que tienen a futuro no se trata de una conducta excepcional entre quienes conviven con mascotas, sino que es una práctica común.
Atribuir pensamientos, emociones o intenciones humanas a los animales es una conducta natural que refleja una alta sensibilidad social. Conversar con los animales funciona como un "amortiguador emocional" que disminuye la ansiedad y estimula la liberación de oxitocina tanto en humanos como en mascotas.
Los investigadores estudian esta relación para comprender cómo la comunicación cotidiana influye en el bienestar de las personas y de los animales. Dirigirse a una mascota, preguntarle cómo se siente o felicitarla por su conducta es una forma de antropomorfismo: la atribución de rasgos humanos a los animales, una tendencia que la psicología animal vinculada con la empatía.

