Entre el polvo, los escombros y el silencio que dejan los terremotos, hay un sonido que devuelve la ilusión: el ladrido de un perro rescatista. Desde el pasado 24 de junio, cuando dos fuertes sismos sacudieron a Venezuela, decenas de caninos de distintos países se sumaron a las labores de búsqueda. Su misión es enorme: localizar personas atrapadas donde el ojo humano y la tecnología ya no pueden llegar.
El Cuerpo de Bomberos de Quito envió al equipo USAR ECU-01 junto a dos expertos muy especiales: Furbo y Hades. Furbo es un pastor belga malinois de cuatro años, ágil, rápido y preparado para recorrer largas distancias entre estructuras colapsadas. Hades, un golden retriever de siete años, aporta su experiencia y precisión en los terrenos más complejos. Ambos cuentan con certificación nacional e internacional para operaciones de búsqueda y rescate.
El trabajo de Furbo y Hades va mucho más allá de olfatear. Gracias a su entrenamiento, son capaces de detectar partículas de olor humano y marcar el lugar exacto donde podría haber sobrevivientes, permitiendo que los rescatistas actúen con mayor rapidez. Sus almohadillas les ayudan a sentir la estabilidad del terreno para desplazarse con seguridad sobre los escombros. Durante toda la misión permanecen junto a sus guías y son supervisados por un médico veterinario, quien controla su hidratación, su estado físico y sus articulaciones después de cada jornada.
Desde México llegaron Orly, Balam, Kenai y Halley, todos integrantes de la unidad canina de la Cruz Roja Mexicana. Orly y Balam, dos border collie, son hijos de Athos, el recordado perro rescatista que participó en las labores del sismo de México en 2017 y que murió tras ser envenenado en 2021. Sus hijos continúan su legado y ya habían participado en los terremotos de Turquía en 2023, donde ayudaron a localizar a cuatro personas con vida y 36 fallecidos. Ahora vuelven a enfrentar una nueva misión llevando consigo la historia de su padre.
Otro de los grandes protagonistas es Tsunami, un border collie cuya historia ha conmovido al mundo. Antes de convertirse en rescatista, fue víctima de maltrato y abandono. Su vida cambió cuando fue rescatado, recibió atención veterinaria y comenzó un exigente entrenamiento con el centro K-SAR ECID. Hoy, su pasado quedó atrás y su olfato se ha convertido en una herramienta para salvar vidas. En Caracas, su trabajo fue clave para localizar a un hombre de 60 años atrapado bajo los escombros, convirtiéndose en uno de los símbolos de esta emergencia.
Argentina también ha dejado una huella importante con Bart, un perro rescatista que participó en el hallazgo de dos niños atrapados bajo una estructura colapsada. El animal ingresó por un estrecho túnel entre los escombros, detectó señales de vida y marcó el punto exacto donde los rescatistas debían excavar. Su participación permitió salvar a los dos menores y fue reconocido por las autoridades venezolanas como un verdadero héroe.
Junto a ellos también trabajan perros rescatistas enviados por Estados Unidos, Colombia y El Salvador, que se han integrado a los equipos locales para recorrer las zonas más afectadas. Todos operan bajo estrictos protocolos de seguridad, con turnos de descanso, hidratación constante y relevos para evitar el agotamiento. En un escenario donde cada minuto puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte, el bienestar de estos animales también es una prioridad.
Aunque no hablan, su trabajo lo dice todo. Furbo, Hades, Orly, Balam, Kenai, Halley, Tsunami y Bart han demostrado que el heroísmo no siempre lleva capa. Muchas veces llega con cuatro patas, un olfato extraordinario y un corazón dispuesto a entrar donde nadie más puede. En medio de una de las mayores tragedias que ha vivido Venezuela en los últimos años, ellos se han convertido en el símbolo más puro de la esperanza.