Durante décadas, dormir ocho horas por noche ha sido considerado el estándar para mantener una buena salud. Sin embargo, investigaciones recientes y especialistas en medicina del sueño sostienen que esa recomendación no debe interpretarse como una regla universal. La evidencia científica apunta a que cada persona tiene necesidades distintas y que la calidad del descanso suele ser más importante que una cifra exacta.
Expertos consultados por The New York Times y citados por Infobae explican que el menor riesgo para la salud suele encontrarse alrededor de las siete horas de sueño. No obstante, también aclaran que algunas personas descansan perfectamente con seis horas y media, mientras que otras necesitan más tiempo para recuperarse física y mentalmente. Lo importante es mantener horarios regulares y lograr un sueño continuo y reparador.
Durante el descanso ocurren procesos esenciales para el organismo. El cerebro activa el sistema glinfático, encargado de eliminar sustancias de desecho, mientras disminuye la presión arterial y se liberan hormonas que favorecen la recuperación muscular. Cuando el sueño es insuficiente de forma crónica, aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, deterioro cognitivo y alteraciones del sistema inmunológico. Sin embargo, los especialistas recuerdan que dormir más horas de las necesarias tampoco garantiza una mejor salud y, en algunos estudios, incluso se ha relacionado con enfermedades preexistentes más que con el exceso de sueño en sí.
Otro aspecto que preocupa a los médicos es la llamada "ortosomnia", un fenómeno en el que las personas desarrollan ansiedad por cumplir una cantidad exacta de horas o por obtener buenas métricas en relojes inteligentes. Esa obsesión puede terminar afectando precisamente la calidad del descanso.
La recomendación actual es escuchar al propio organismo. Despertarse con energía, mantener un buen rendimiento durante el día y sostener una rutina constante son indicadores mucho más útiles que perseguir el objetivo rígido de dormir ocho horas cada noche. En definitiva, la ciencia invita a dejar atrás los mitos y entender que un buen descanso depende más de cómo se duerme que del tiempo exacto que marca el reloj.