La primera paciente en utilizar esta innovadora UCI fue Hollie Allan, una joven de 29 años que llevaba dos meses internada en el King's College Hospital, al sur de Londres. Conectada a sondas y equipos de soporte vital, salió por primera vez al exterior gracias a esta nueva sala instalada en la azotea del hospital. Al sentir el sol y el aire fresco, rompió en llanto y confesó que había olvidado lo que se siente estar al aire libre.
La nueva unidad tiene capacidad para atender a seis pacientes críticos y cuenta con conexiones especiales de electricidad y oxígeno para mantener todos los equipos médicos funcionando de forma segura. Aunque los jardines hospitalarios existen desde hace años, pocas veces están adaptados para personas en estado grave.

Los médicos creen que este espacio podría ayudar a reducir el tiempo de hospitalización y mejorar la salud emocional de quienes pasan largos periodos internados.
El proyecto también busca estudiar científicamente los beneficios de la naturaleza en pacientes de cuidados intensivos. El personal médico controlará la frecuencia cardíaca, la respiración y los niveles de dolor para comprobar si el entorno abierto ayuda realmente a acelerar la recuperación.
Incluso durante días de lluvia o tormenta, algunas zonas cubiertas permiten que los pacientes continúen disfrutando del espacio sin riesgos.

La azotea fue diseñada con flores aromáticas como jazmín, lavanda y madreselva, además de plantas y hierbas que los pacientes pueden tocar y oler desde sus camas.
La construcción costó más de 2,7 millones de dólares, financiados por organizaciones benéficas. Los responsables del hospital esperan que este modelo pueda replicarse en otros centros médicos del Reino Unido, demostrando que la naturaleza también puede convertirse en una poderosa herramienta para sanar.