La torpeza también puede hacer daño

¿Somos malos o simplemente torpes? La neurociencia explica nuestras decisiones

Daniel Sánchez Paz y Miño explica cómo emociones, creencias limitantes y manipulación pueden influir en decisiones dañinas y por qué cuestionarlas ayuda a recuperar autonomía.

No todas las acciones dañinas nacen de personas que buscan hacer el mal. Para el especialista en neurociencias Daniel Sánchez Paz y Miño, muchas situaciones pueden comenzar con algo aparentemente más cotidiano: la torpeza emocional, las creencias limitantes y la dificultad para cuestionar lo que se piensa.


Durante entrevista en El Mundo de Cabeza, Daniel explicó que las emociones pueden alterar la manera en que una persona interpreta lo que ocurre a su alrededor. Un momento de enojo, miedo, frustración o ansiedad puede llevar a reaccionar impulsivamente, elevar la voz, generalizar situaciones o tomar decisiones sin medir las consecuencias. A eso lo identifica como torpeza emocional.


El especialista también habló de las llamadas "taras mentales", relacionadas con creencias que pueden limitar la capacidad de avanzar o mirar una situación desde otros puntos de vista. El problema aparece cuando alguien se aferra a sus propias convicciones y deja de cuestionarlas.


Uno de los planteamientos más llamativos fue el papel del manipulador, quien puede identificar las vulnerabilidades emocionales de otras personas y utilizarlas para conseguir determinados objetivos. Así, una persona puede terminar defendiendo causas que realmente no comprende o tomando decisiones influenciadas por otros.


Para Daniel, desarrollar inteligencia emocional también implica cuestionar lo que se piensa, buscar perspectivas diferentes y aprender a gestionar las emociones. La verdadera libertad, sostiene, también requiere pensamiento crítico.

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