¿Somos monógamos por naturaleza o por contrato social?
¿Somos infieles por naturaleza o por elección? Esa fue la pregunta que abrió esta entrevista tan directa en El Mundo de Cabeza. La sexóloga Alejandra Borja, especialista con maestría en sexología habla sin filtros sobre la ciencia detrás de la infidelidad, el deseo y los vínculos afectivos.
Lo que dice la biología
Alejandra fue clara desde el inicio: la ciencia lleva décadas diciéndonos algo que incomoda. Los seres humanos no somos monógamos por naturaleza. Solo entre el 3% y el 5% de los mamíferos practican la monogamia de forma natural, y los humanos no pertenecen a ese grupo.
Lo que sí existe es una tendencia evolutiva a formar vínculos fuertes durante el tiempo suficiente para criar a las hijas e hijos en pareja. Ese vínculo, según estudios referenciados por la reconocida antropóloga Helen Fisher, dura aproximadamente siete años.
Las tres aplicaciones del cerebro
Alejandra utilizó una metáfora precisa para explicar cómo funciona el sistema afectivo humano: tres aplicaciones corriendo al mismo tiempo en el cerebro, de manera independiente.
- Deseo sexual: funciona como un radar permanente, impulsado por la testosterona, presente en hombres y mujeres. Su objetivo biológico es buscar reproducción y novedad, no amor.
- Atracción romántica: es la fase del enamoramiento, alimentada por dopamina. Genera una sensación de euforia similar a una droga, pero dura entre tres y seis meses. Hay personas que se vuelven adictas a esta etapa y buscan repetirla constantemente con nuevas parejas.
- Apego: la fase más estable, regulada por oxitocina y vasopresina. Es la sensación de hogar, calma y pertenencia. Estudios señalan que personas con menor nivel de vasopresina reportan dificultades para construir vínculos profundos y duraderos.
Estas tres aplicaciones funcionan simultáneamente y pueden apuntar hacia personas distintas. Eso no significa que la infidelidad sea inevitable ni justificable. Significa que los seres humanos tienen impulsos biológicos y también corteza prefrontal: la parte del cerebro que regula el juicio, la ética y la moral.
Alejandra lo resumió con una analogía: vivir de dopamina y relaciones cortas es como alimentarse solo de comida chatarra. Satisface en el momento, pero cobra factura. Construir un vínculo sano requiere esfuerzo, paciencia y decisión consciente. La monogamia, entonces, no es un instinto. Es una elección.

