La empresa Tin Can, creada en Seattle, lanzó un teléfono fijo pensado especialmente para niños. El dispositivo no tiene pantalla, redes sociales, aplicaciones ni mensajes de texto. Solo permite llamadas de voz, como los teléfonos clásicos de antes. La idea nació de padres que buscaban comunicarse con sus hijos sin exponerlos al mundo digital de los smartphones y sus constantes distracciones.
El teléfono funciona conectado a internet mediante tecnología VoIP y no necesita línea telefónica tradicional. Cada equipo tiene un código único de cinco dígitos para que los niños puedan llamarse entre amigos de forma segura. Además, los padres pueden controlar desde una aplicación quién puede comunicarse con sus hijos y en qué horarios estará habilitado el aparato.
Tin Can ya vendió decenas de miles de unidades y logró recaudar más de 3,5 millones de dólares en inversión. El dispositivo cuesta entre 75 y 100 dólares y próximamente incluirá llamadas a números normales y servicios de emergencia por una tarifa mensual adicional.
El diseño está inspirado en los teléfonos de los años 80, pero adaptado a las necesidades actuales de seguridad y control familiar.
El proyecto abrió una conversación mundial sobre el impacto de los celulares en la infancia. Mientras algunos creen que regresar a lo básico puede ayudar a reducir la dependencia tecnológica, otros consideran que el desafío real está en enseñar un uso saludable de la tecnología.
Lo cierto es que este teléfono retro ya se convirtió en una de las ideas más comentadas entre familias preocupadas por el tiempo que los niños pasan frente a las pantallas.