Vivir cerca de universidades en Quito es cada vez más caro
El acceso a vivienda en Quito se ha convertido en un desafío creciente para miles de estudiantes universitarios. Aunque la oferta de arriendos existe, los precios elevados en zonas estratégicas obligan a replantear la forma de vivir en la ciudad.
Sectores cercanos a instituciones como la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, la Escuela Politécnica Nacional y la Universidad Politécnica Salesiana concentran la mayor demanda. Barrios como La Floresta o La Vicentina destacan por su ubicación, pero también por sus costos.
Se estima que cerca de 50.000 estudiantes se movilizan en estas zonas, generando una presión constante sobre el mercado inmobiliario.
¿Cómo enfrentan los estudiantes esta realidad?
Compartir vivienda como regla: Departamentos que antes eran ocupados por una persona ahora se comparten entre dos o tres estudiantes para dividir gastos.
Habitaciones como alternativa: El arriendo de cuartos en casas adaptadas crece, con precios entre $150 y $180, generalmente con servicios incluidos.
Gastos en aumento: Servicios básicos como agua han subido significativamente, pasando de $10 a incluso $40 mensuales en algunos casos.
Alimentación más cara: El costo diario en comida puede superar los $10, duplicando lo que se pagaba hace pocos años.
El presupuesto define el tipo de vivienda. Mientras algunos estudiantes optan por suites o departamentos privados, otros priorizan opciones más económicas, incluso si implica compartir espacios reducidos.
Además, factores como la seguridad influyen en la decisión. Sectores como La Mariscal han perdido atractivo, mientras zonas más tranquilas y cercanas a universidades mantienen alta demanda.
Datos de Quito Cómo Vamos evidencian que el precio promedio de arriendos ha aumentado de forma sostenida. Un departamento de tamaño medio puede superar los $500, reflejando un incremento significativo en los últimos años.
En contraste, zonas más alejadas ofrecen precios más bajos, pero implican mayores tiempos de traslado y costos en transporte, lo que también impacta el presupuesto estudiantil.
Vivir cerca ya no es un lujo, es una estrategia. Los estudiantes priorizan ubicación, aunque eso implique compartir espacio o reducir otros gastos.

