El cuerpo también necesita tiempo

"No es solo deseo": así cambia el cuerpo femenino durante excitación

La fisioterapeuta Daniela Suquilanda explica cómo responde el cuerpo femenino durante la excitación, por qué la lubricación importa y cómo influye el suelo pélvico.

 

Hablar de sexualidad femenina todavía genera dudas, silencios y desinformación. Muchas mujeres crecieron escuchando términos incorrectos sobre su anatomía o creyendo que el dolor durante las relaciones sexuales es normal. Precisamente por eso, la fisioterapeuta especializada en suelo pélvico, Daniela Suquilanda, explicó en entrevista para El Mundo de Cabeza cómo funcionan las fases de la excitación femenina y qué sucede realmente en el cuerpo durante una relación sexual.

Con modelos anatómicos y una explicación didáctica, la especialista habló sobre vulva, lubricación, suelo pélvico, orgasmo y comunicación en pareja. El objetivo fue claro: entender el cuerpo femenino desde la educación sexual y el bienestar.

Uno de los primeros puntos que aclaró fue una confusión muy común. Muchas personas llaman "vagina" a toda la zona íntima femenina, cuando en realidad la parte externa se llama vulva. Allí se encuentran estructuras fundamentales como el clítoris, los labios internos y externos, además de las glándulas responsables de la lubricación.

Según explicó Suquilanda, durante la fase de excitación ocurre una vasodilatación y congestión en la vulva. Esto provoca que los labios se ensanchen y aumente la sensibilidad del clítoris. Aunque suele compararse con la erección masculina, aclaró que en las mujeres este proceso tiene características propias relacionadas con el placer y la respuesta sexual.

La especialista también destacó la importancia del clítoris dentro de la excitación femenina. Aunque externamente solo se observa una pequeña parte, gran parte de este órgano se encuentra internamente y rodea la zona vaginal. Cuando existe excitación, aumenta el flujo sanguíneo y la sensibilidad, favoreciendo el placer y el orgasmo.

Otro aspecto importante fue entender que el cuerpo femenino necesita tiempo para prepararse antes de la penetración. La fisioterapeuta explicó que la vagina, en estado natural, tiene entre ocho y diez centímetros de profundidad. Sin embargo, durante la excitación el canal vaginal puede alargarse y adaptarse gracias a cambios internos que permiten mayor comodidad y lubricación.

Además, explicó que la parte más cercana a la entrada vaginal se estrecha ligeramente mientras la parte interna se ensancha. Esto permite una mejor adaptación durante la relación sexual y evita molestias o dolor. Cuando el cuerpo no alcanza ese estado de relajación y lubricación, aumenta la fricción y pueden aparecer molestias, ardor o incluso lesiones.

En este contexto, el suelo pélvico cumple un papel fundamental. Suquilanda señaló que estos músculos deben mantenerse fuertes, pero no tensos. Un suelo pélvico contracturado puede generar dolor, mientras que uno demasiado débil puede disminuir la sensibilidad y el placer durante las relaciones sexuales.

La conversación también abordó la importancia de la lubricación femenina. La especialista explicó que la lubricación no proviene únicamente de la vagina, sino de glándulas ubicadas cerca de la vulva. Estas secreciones ayudan a disminuir la fricción y facilitan una experiencia más cómoda y placentera.

Durante la entrevista se habló además sobre el orgasmo femenino y cómo cada mujer lo experimenta de manera distinta. Según explicó Suquilanda, el orgasmo puede durar alrededor de diez segundos en promedio y presentarse como una especie de "ola" con diferentes intensidades. También comentó que las contracciones involuntarias del canal vaginal forman parte natural de este proceso fisiológico.

Más allá de lo anatómico, uno de los mensajes centrales de la conversación fue la importancia de escuchar el propio cuerpo. La especialista insistió en que muchas mujeres desconocen cómo cambia su anatomía durante la excitación y recomendó observarse, conocerse y explorar las sensaciones corporales sin culpa.

También destacó que la comunicación con la pareja es clave. Preguntar cómo se siente la otra persona, expresar molestias o hablar sobre placer puede mejorar significativamente la experiencia sexual y evitar situaciones incómodas o dolorosas.

La masturbación apareció como otra herramienta importante de autoconocimiento. Suquilanda recomendó explorar el cuerpo mediante el tacto y observar cómo reaccionan la vulva y el canal vaginal durante distintas fases de excitación. Esto permite reconocer señales corporales, identificar tensiones y entender mejor las propias necesidades sexuales.

La entrevista dejó además una reflexión importante: la sexualidad femenina no debería vivirse desde el miedo o la desinformación. Comprender cómo funciona el cuerpo ayuda no solo a mejorar las relaciones sexuales, sino también a fortalecer el bienestar físico y emocional.

En una época donde todavía existen mitos alrededor del placer femenino, conversaciones como esta buscan normalizar la educación sexual desde una perspectiva médica, respetuosa y consciente. Hablar sobre lubricación, orgasmo, excitación femenina y suelo pélvico ya no debería ser incómodo, sino parte natural del cuidado integral de la salud.

Al final, la especialista recordó que el cuerpo femenino cambia constantemente y que aprender a escucharlo puede marcar una enorme diferencia en la calidad de vida y en las relaciones de pareja. Porque entender el placer también es una forma de bienestar.

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