Pedir perdón no es perder: la importancia de reconocer el daño y reparar los vínculos
Bermúdez explica que pedir perdón puede ser difícil por la culpa y la vergüenza. La culpa aparece cuando una persona piensa: "Hice algo malo"; mientras que la vergüenza lleva a creer: "Soy malo". En ese proceso también interviene el ego, porque aceptar que se cometió un error puede resultar incómodo.
La especialista advierte que no todas las disculpas son verdaderas. Un ejemplo es el "perdón con pero": "Perdóname, pero tú me provocaste". La justificación que viene después de la palabra "pero" puede hacer que la disculpa pierda su sentido. También están el perdón impaciente, expresado con frases como "ya te pedí perdón, ¿qué más quieres?", y el perdón utilizado para recuperar beneficios, como "ya te pedí perdón, ahora podemos volver". Ninguno de estos casos demuestra necesariamente un arrepentimiento real.
Una disculpa sincera, señala la psicóloga, debe incluir dos elementos: responsabilizarse y reparar. Esto significa reconocer lo ocurrido con frases como "te fallé" o "yo me equivoqué", pero también explicar qué se hará para actuar de otra manera la próxima vez. No basta con decir "lo siento" si no existe un compromiso de cambio.
Bermúdez también recalca que pedir perdón no obliga a la otra persona a perdonar inmediatamente ni a retomar la relación como antes. Quien recibió el daño tiene derecho a tomarse su tiempo.
El perdón, además, no debe limitarse a las relaciones de pareja. Bermúdez considera importante que los padres también pidan perdón a sus hijos y que los niños puedan observar cómo los adultos reconocen sus errores. De esta manera, aprenden que equivocarse no significa perder valor y que asumir la responsabilidad es parte de una relación saludable.
La especialista recuerda que, en ocasiones, las personas culpan a su pareja por situaciones que no son realmente su responsabilidad y, por eso, se niegan a disculparse. Sin embargo, aunque no todo dependa de uno, sí es importante reconocer cómo se reacciona frente a las circunstancias.
"La vida se va volando", sostiene Bermúdez, por lo que invita a no dejar que el orgullo se convierta en una deuda emocional y a evitar quedarse con la sensación de no haber pedido perdón a tiempo.