rutina, miedo a estar solo y más

¿Por qué nos aferramos a una relación que duele?

Aunque sabemos que una relación nos hace daño, terminar no siempre resulta sencillo. Para Giovanna Gavelli, psicóloga clínica, quedarse donde duele es una de las cosas más irracionales que hacemos los seres humanos y puede ocurrir al menos una vez en la vida. El miedo a estar solos, la idealización de la pareja, la autoestima, los patrones familiares y hasta heridas de la infancia pueden hacer que una persona permanezca mucho más tiempo del que debería en una relación.

Gavelli explica que muchas relaciones comienzan de una manera casi perfecta, pero con el tiempo pueden aparecer problemas y cambios que ponen a prueba el vínculo. En ese momento, todavía pesan consejos como los de madres o abuelas que invitan a "aguantar y aguantar" hasta que la otra persona cambie, aunque esto no siempre sucede. 

La psicóloga señala que también podemos aferrarnos porque idealizamos lo vivido y entramos en un patrón conocido como refuerzo intermitente, que puede entenderse con el ejemplo de un casino: ponemos una moneda porque sabemos que existe la posibilidad de recibir una recompensa, pero esta no llega siempre. Esa incertidumbre puede hacer que sigamos intentando.

Otro factor es el miedo a estar solos. Después de compartir durante mucho tiempo con una pareja, las personas pueden adoptar costumbres, rutinas y formas de vivir que hacen más difícil imaginar una vida diferente. A esto se suman la autoestima, los patrones familiares y, en algunos casos, heridas de la infancia

Por eso, cuando una relación comienza a desgastar, Gavelli recomienda detenerse y preguntarse qué cosas buenas aporta ese vínculo, qué estamos perdiendo, qué hemos ganado y qué promesas no se han cumplido. En una relación es normal que existan momentos en los que una persona aporte más que la otra, pero si ese desequilibrio se mantiene y una de las partes termina desgastada, es momento de analizar lo que está ocurriendo.

La especialista reconoce que llegar a la conclusión de que lo mejor es terminar también puede ser un proceso doloroso. Sin embargo, quedarse únicamente por miedo, costumbre o esperanza de que todo cambie puede prolongar el sufrimiento. 

Gavelli es clara sobre un tema específico: si hay maltrato, ni pensar en quedarse ahí. La recomendación es hacer caso a las llamadas red flags y mirar la relación con honestidad.

No se trata únicamente de preguntarse cuánto tiempo se ha invertido en una pareja, sino cuánto estamos perdiendo al permanecer en ella. Una relación saludable debe permitir respeto, límites y espacio para ambas personas; cuando existe control, miedo o daño constante, buscar apoyo puede ser un paso importante para recuperar el bienestar.

Escucha la entrevista aquí: 
 

Loading...