Cada vez más niños tienen dificultades para correr, saltar, mantener el equilibrio o coordinar movimientos simples. Especialistas en salud infantil y educación física comenzaron a llamar a este fenómeno "analfabetismo motriz", una condición relacionada con el exceso de pantallas y la reducción del juego físico durante la infancia.
El término no se refiere a una enfermedad oficial, sino a una pérdida progresiva de habilidades motoras básicas que antes se desarrollaban naturalmente mediante actividades cotidianas como trepar, correr al aire libre o jugar con otros niños. Hoy, muchas de esas experiencias fueron reemplazadas por celulares, tablets, videojuegos y contenido digital.
Según expertos citados por medios internacionales y organismos pediátricos, el problema aumentó después de la pandemia, cuando millones de niños pasaron más tiempo encerrados y conectados a dispositivos electrónicos. Diversos estudios también advierten que el sedentarismo infantil impacta no solo en el cuerpo, sino también en la concentración, la socialización y la salud emocional.
Señales que preocupan a especialistas
Entre las dificultades más frecuentes detectadas en niños y adolescentes están:
Problemas de equilibrio y coordinación
Baja resistencia física
Dificultad para lanzar o atrapar objetos.
Poco control postural
Menor fuerza muscular
Fatiga rápida durante actividades físicas
Especialistas señalan que algunos niños incluso presentan inseguridad para participar en deportes o juegos grupales porque sienten que "no saben moverse" correctamente.
La Organización Mundial de la Salud recomienda al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada o intensa para niños y adolescentes. Sin embargo, muchos menores pasan varias horas al día frente a pantallas recreativas, superando ampliamente el tiempo aconsejado.
El juego físico sigue siendo clave
Pediatras y terapeutas coinciden en que recuperar el movimiento es fundamental para el desarrollo infantil. Actividades simples como andar en bicicleta, bailar, saltar la cuerda o jugar en parques ayudan a fortalecer habilidades motoras, cognitivas y sociales.
Además, el movimiento contribuye al desarrollo cerebral. Investigaciones en neurociencia muestran que la actividad física favorece la memoria, la atención y el aprendizaje escolar. También ayuda a regular el estrés y mejorar la calidad del sueño.
Los expertos no plantean eliminar completamente la tecnología, sino equilibrar su uso. Recomiendan establecer límites de tiempo frente a pantallas, incentivar juegos al aire libre y promover actividades deportivas desde edades tempranas.
El desafío actual no es solo reducir el tiempo digital, sino volver a conectar a los niños con el movimiento, el juego y la exploración física. Porque, aunque parezca increíble, hoy algunos menores saben desbloquear un celular antes que lanzar una pelota.

