Desde su perspectiva, el próximo alcalde debe conocer las necesidades de Quito, tener una visión de ciudad y ser una persona cuyo comportamiento ético genere confianza. También considera necesario que tenga conocimientos de gestión pública y sentido común para tomar decisiones. A esto suma una característica que considera fundamental: el coraje para enfrentar a grupos de poder, como los transportistas. Ordóñez sostiene que varios alcaldes han terminado cediendo ante estos sectores.
En el escenario electoral actual, menciona que entre los nombres más sonados para ganar estas elecciones están: Pabel Muñoz que busca la reelección y Jorge Yunda que intenta regresar al Municipio; además, entre las candidaturas definidas aparecen nombres como Carla Larrea, Wilson Merino y Giovanna Ubidia, entre otros.
Para Ordóñez, uno de los principales desafíos será recuperar el interés de una ciudadanía que, según su lectura, tiene una memoria política frágil y muchas veces termina votando más en contra de un candidato que a favor de otro.
También advierte que la seguridad se ha convertido en una preocupación central para el elector quiteño. Sin embargo, plantea mirar el problema con equilibrio: las redes sociales y los medios pueden hacer que los hechos negativos (como robos, asesinatos o accidentes) sean los que más permanezcan en la memoria, aumentando la percepción de inseguridad, aunque esto no significa que el problema no exista.
A esta preocupación se suma la situación económica, porque, según el sociólogo, buena parte de la población está concentrada en resolver las necesidades del día a día.
Otro punto que, a su juicio, ha quedado fuera de la discusión electoral es la prevención frente a terremotos y la vulnerabilidad de las viviendas. Ordóñez cuestiona qué ocurriría si Quito enfrentara un sismo fuerte y plantea que los candidatos deberían presentar propuestas para supervisar y financiar mejoras en hogares vulnerables.
Finalmente, Ordóñez hace un llamado a los quiteños a no asumir que su voto no hará diferencia. Considera que el alto número de ciudadanos indecisos o que todavía no tienen definido su voto deja abierta la competencia y vuelve más importante analizar propuestas, trayectorias y capacidades antes de elegir.
Su planteamiento es que Quito necesita una autoridad capaz de mirar más allá del período de cuatro años, enfrentar los problemas actuales y anticiparse a los riesgos futuros.