El problema no está en decidir, sino lo que haces después

El problema no está en decidir, sino lo que haces después

Todos creemos que el problema está en tomar decisiones, pero muchas veces el verdadero desafío comienza después.

¿Y si el verdadero problema nunca fue decidir? Muchas personas toman decisiones todos los días, pero pocas logran convertirlas en resultados.

Durante años nos hemos enfocado en tomar buenas decisiones. Sin embargo, el verdadero desafío no es decidir, sino asumir las consecuencias, corregir el rumbo a tiempo y lidiar con el miedo a equivocarse o arrepentirse. Muchas veces nos paraliza la presión de elegir de manera perfecta, olvidando que la inacción también es una decisión.

La decisión representa un punto de inflexión en la vida de las personas. Por ejemplo, cuando alguien decide formalizar una relación de pareja, no se trata únicamente de decidir si se va a casar o no con esa persona, sino de asumir todo el compromiso que viene después para que la relación funcione. Ese es el aspecto que debemos fortalecer en las personas.

"No se trata solamente de enseñarles a evaluar si una decisión cuenta con todos los elementos de juicio necesarios para emprender un camino que podría ser más sostenible", resalta Daniel Sánchez Paz y Miño, especialista en neurociencia, en entrevista para El Mundo de Cabeza.

Incluso si desde el inicio se toma una buena decisión y se evalúan todos los factores, si después no existe la capacidad de sostenerla a través del compromiso, es ahí donde muchas personas fracasan. Las decisiones no son acertadas ni equivocadas por sí mismas; lo que realmente marca la diferencia es todo lo que ocurre después. Y es precisamente en ese punto donde muchos fallan. Como señala el especialista, no se trata de lo que se decide, sino de aquello con lo que se está dispuesto a comprometerse.

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