¿SACRIFICIO O ERROR EMOCIONAL?

"Nos quedamos por los hijos"

La frase se repite en muchas familias: "seguimos por los niños". Pero, ¿realmente quedarse en una relación rota protege a los hijos? Para la psicóloga clínica Adriana Fornasini, la respuesta depende del tipo de relación que exista puertas adentro. Porque una familia unida no siempre significa una familia sana.

Martes de Pareja en El Gran Musical y nos acompañó, la psicóloga clínica Adriana Fornasini con quien conversamos sobre aquellas parejas en donde el amor se acabó pero se mantienen juntos porque hay hijos de por medio. 

Fornasini es clara: nunca recomendaría permanecer en una relación donde hay violencia, maltrato, gritos, infidelidades o un ambiente hostil constante. En esos casos, explica, puede ser más saludable para los hijos que los padres no sigan juntos. 

Crecer en un entorno de tensión permanente también deja huellas emocionales. Estudios en psicología del desarrollo han advertido que la exposición crónica al conflicto familiar puede afectar la seguridad emocional de niños y adolescentes.

Pero no todas las parejas que siguen juntas lo hacen por los hijos. Según la especialista, muchas veces pesan otras razones: el miedo al qué dirán, evitar dividir bienes, presiones familiares o incluso la costumbre de vivir sin afecto mientras exista estabilidad económica. 

Advierte que algunos vínculos tóxicos terminan normalizándose y eso vuelve más difícil salir. Además cuestiona una idea muy instalada: que mantener una familia junta garantiza bienestar. "No siempre", plantea, porque incluso hogares donde los padres siguen unidos pueden estar atravesados por distancia emocional o poca presencia real en la crianza.

Más que quedarse o separarse, la discusión pasa por qué tipo de hogar se está construyendo. Porque convivir sin amor, en conflicto constante o por obligación no necesariamente protege a los hijos. 

Para Fornasini, la clave está en relaciones sanas, presentes y conscientes, estén o no los padres bajo el mismo techo.

Y en ese debate incómodo, deja una idea potente: a veces quedarse por los niños puede ser sacrificio... y otras veces, un error emocional.